Y a pocas horas de las elecciones regionales y municipales, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) a cargo de Roberto Burneo, sigue sin aclarar a los ciudadanos si es que los alcaldes que iniciaron gestiones en enero de 2023 y que postulan esta vez a primeros regidores para acceder a una evidente “reelección encubierta”, podrían asumir funciones ediles en un nuevo periodo, teniendo en cuenta que la Constitución prohíbe expresamente ejercer el cargo de burgomaestre en dos periodos seguidos.
Posturas que dicen que sí y que no es posible la “reelección encubierta”, hay muchas, para todos los gustos. Vale mencionar que aquellos que la ven viable hacen siempre la aclaración de que legalmente podría ser, aunque se trate de una patada a la ética, una burla, una verdadera criollada. Sin embargo, lo que se esperaba era que el JNE asuma su responsabilidad y zanje la discusión, que incluso podría afectar la elección en la capital del país, donde vive casi un tercio de la población peruana.
Si nos centramos en el caso de Lima, la gente que vota por Renovación Popular porque cree que Rafael López Aliaga será el próximo alcalde a través de la “reelección encubierta”, podría irse de cara si es que luego de las elecciones el JNE establece que esta persona no está habilitada para ejercer el cargo de burgomaestre, debido a la citada restricción constitucional. Esto llevaría a que la primera autoridad de la capital sea la regidora que sigue en la lista a “Porky”, a quien nadie conoce.
El propio titular del JNE ha dicho que el pleno que encabeza se encuentra en “sesión permanente” y que “tomará las decisiones”, con lo que deja en claro que hay una controversia aún por resolver. ¿Por qué no se ha hecho con la debida anticipación? Eso es algo que tendría que responder el señor Burneo, que está al frente de una entidad que parece caminar temerosa ante posibles arrebatos, amenazas y gritos destemplados de quienes se verían afectados por sus resoluciones.
Se esperaba más de este JNE, luego del paso por la institución de Jorge Salas Arenas. Sin embargo, queda claro que no ha estado a la altura del reto. Los electores de Lima y otras zonas del país, donde la búsqueda de la “reelección encubierta” es un verdadero festín en que los que en teoría postulan a primeros regidores se promocionan directamente como candidatos a alcaldes, tenían derecho a contar con un panorama claro desde un inicio, pero no ha sido así. El daño está hecho.
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