Opinión

Abuelito bondadoso

Columna de Rolando Rodrich

26 de Diciembre del 2017 - 07:00 Rolando Rodrich

El viejito con carita de abuelito bondadoso, que esperábamos fuera Papá Noel, se transformó en la caricatura política que es nuestro Presidente de la República. Desperté en el amanecer del 25 con la esperanza de que hubiera sido una pesadilla; y no pude más que reírme -en buena parte de mí mismo- por lo ingenuos que hemos sido algunos. A la luz de los nuevos acontecimientos, no me queda otra alternativa que volver a firmar mi columna del martes pasado, en la que proponía que la salida no incluyera a ninguno de los dos: vacancia, renuncias y elecciones generales. El tipo no merecía más, en el fondo son iguales, el oficialismo y la oposición, los que defendían a los ppkausas y los fujimoristas. ¿Y Aristóteles y la Ética a Nicómaco? ¿Y Montesquieu, su espíritu de las leyes y los principios de gobierno? ¿Y Raymond Aron y la estabilidad política que depende de la disciplina de las ambiciones? ¿Y el criminólogo romano Cesare Lombroso, la cara del criminal y la del abuelito bondadoso? Si supieran los pobres en la farsa que los han utilizado. Los que están en el poder suelen saber mucho más (porque tienen acceso privilegiado) que los ciudadanos comunes y corrientes como nosotros. No me gusta aquello de “piensa mal y acertarás”, pero en política suele ocurrir. Sospecho de que estos sucesos responden a la conclusión a la que arriba Mulder: es un acuerdo de impunidad mutua. Odebretch les rompió la mano tanto a Keiko como a PPK, solo era cuestión de quién caía primero. A ambos les conviene prolongarse la vida hasta que tomen el control de instituciones que les pisan los talones en la lucha contra la corrupción. Definitivamente, esta generación política está podrida, no queda nada rescatable. Los sectores duros de cada posición, los que celebran el indulto y los que lo rechazan, no son mayoría, pero son los que causan el ruido político y no abonan en la reconciliación. No vienen buenos vientos para el 2018.

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