Opinión

Adamantium

COLUMNA: MARTÍN SANTIVÁÑEZ

06 de Septiembre del 2018 - 07:00 Martín Santivañez

Confieso que nunca he visto un ataque político tan grande como el orquestado contra el fiscal supremo Chávarry. Supera en fogosidad y desesperación varios de los momentos más álgidos de la guerra de baja intensidad que Humala, Villarán y el señor Kuczynski han desplegado contra Fuerza Popular a lo largo de estos últimos años. El odio contra Chávarry ha crecido hasta el punto de que todos los días la prensa más importante del país presenta una nueva fórmula de ataque exigiendo en todos los idiomas que el fiscal de la Nación se aparte para que el Perú se salve.

Desconfío profundamente de los cargamontones mediáticos. No creo en las condenas fulminantes y mucho menos en el criterio de los acusadores. Basta con examinar quiénes piden la cabeza de Chávarry. Allí están los de siempre, y estos suelen equivocarse. Los defensores de los Humala, los aliados de Villarán y los blindadores de PPK. Perdóname, querido lector, pero dudo de la autoridad de los acusadores.

Las instituciones están formadas por personas. Las personas imprimen su sello a las instituciones. La Fiscalía liderada por Chávarry es distinta a la Fiscalía bajo la férula de Sánchez. Dos corazones y dos cerebros distintos. Y eso es algo que la izquierda peruana no está dispuesta a aceptar. Nuestra izquierda es capaz de mantener a personajes cuestionados y cuestionables por una, dos y hasta tres generaciones, pero no soporta que sus rivales políticos apoyen a un funcionario respetando el debido proceso. Para la izquierda y sus satélites, todos los opositores deben ser exterminados. Esto se basa en una falsa superioridad moral. Supongo que el fiscal de la Nación conoce la máxima de toda estrategia: las guerras se ganan resistiendo. 

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