El acercamiento de Roberto Sánchez y Evo Morales ha despertado legítimas preocupaciones sobre el modelo político y económico que pretende impulsar el candidato de Juntos por el Perú (JP) en nuestro país. Viajes, reuniones y respaldos públicos no parecen simples gestos diplomáticos o ideológicos aislados, sino señales claras de afinidad con un proyecto que hoy tiene a Bolivia sumida en una profunda crisis económica y social. El llamado “modelo boliviano”, que durante años fue presentado como ejemplo de inclusión y crecimiento, hoy muestra síntomas evidentes de agotamiento: caída de reservas, escasez de combustibles, inflación, menor inversión y pobreza.
Las imágenes de largas colas en mercados y bodegas de La Paz para conseguir pollo, huevos y otros productos básicos reflejan una realidad que desmiente el discurso triunfalista que durante años promovieron los sectores afines al Movimiento al Socialismo (MAS). Cuando el Estado controla excesivamente la economía y desalienta la inversión privada, las consecuencias terminan golpeando precisamente a los sectores más pobres.
En ese contexto, resultan especialmente delicadas las versiones sobre una presunta cercanía entre Juntos por el Perú y el entorno de Evo Morales. El exdiputado del MAS, Renán Espinoza, ha señalado públicamente la existencia de vínculos entre JP y Evo Pueblo, mientras que el analista Pedro Yaranga afirmó que Brígida Curo habría formado parte de las bases vinculadas al expresidente boliviano. Más allá de las afinidades ideológicas, lo preocupante es la intención de replicar un esquema político que actualmente atraviesa uno de sus momentos más críticos y cuestionados.
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