Opinión

Al ritmo de la fiesta del libro

una celebración en la que niños, jóvenes y adultos comparten su amor por la lectura

22 de Julio del 2018 - 12:37 Johnny Padilla

Preguntamos a la periodista y escritora Rosa Montero, invitada de honor de la 23a Feria Internacional del Libro de Lima, si ya se acostumbró a las entrevistas y conversatorios que deben enfrentar los escritores durante estos encuentros en los que el libro y sus autores son las estrellas. “El sistema es así, que es muy malo. La mayor parte de los novelistas que conozco escribimos porque no nos gustaba hablar. Yo era tartamuda de pequeña, no conseguía hablar durante toda la época de la universidad aunque tenía muchas cosas que decir, pero no podía ponerme en pie en una asamblea porque me temblaban las piernas, las rodillas, la boca. En estos 40 años de oficio he aprendido haciéndolo. Cuando yo empecé, sacabas el libro, lo presentabas y no debías hacerlo nunca más. Pero hoy, si no haces nada más, ni tus lectores más fieles saben que ha salido. Es la parte que menos me gusta, pero es absolutamente necesaria y que te lleva un montón de tu vida”, dice contundente la Montero. Sinceridad absoluta, ni una palabra más, ni una menos, pero así son las cosas, así funcionan. Muy a pesar de ellos, y en buena hora para nosotros. Para todos los que esperamos cada año encontrar a esos autores que nos llevaron a soñar o indignarnos con vidas e historias prestadas. Gracias a estos encuentros es que la Feria Internacional del Libro de Lima y todas sus similares que se desarrollan en el mundo entero se han convertido en fiestas interminables, muy a pesar de los agoreros que decretaban la muerte del libro impreso por la aparición de nuevas plataformas para su difusión. No hay pesimismo que valga ante una celebración de la cultura que crece cada año y en la que niños, jóvenes y adultos comparten sin distingos esa emoción de tener entre las manos un libro, hojearlo, olerlo, llevarlo a casa, leerlo. La feria es la ilusión de formar parte de una larga cola para conseguir la firma del autor al que se sigue fielmente; estrecharle la mano, darle un abrazo. Por eso resulta esperanzador que cada año las cifras de asistentes a este tipo de convocatorias editoriales crezca, supere el récord del año anterior, cierre en azul. Una fiesta así nos devuelve la confianza en que no todo está perdido, que se justifica tanto esfuerzo de hombres y mujeres que no escatiman tiempo, la vida entera, escribiendo ficción o denunciando una realidad que no queremos ver.

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