Opinión

Alcahueteando

COLUMNA: Rolando Rodrich

09 de Enero del 2018 - 07:00 Rolando Rodrich

Esto va adquiriendo niveles patéticos. Desde la esquizofrénica propuesta de pedir que bajen de los cerros a defender el indulto, a los que ya ven un cambio de gobierno donde nuestro pobre presidente le coloque la banda al exdictador. Si PPK pensó que con el indulto ganaría gobernabilidad, además de sobrevivir, lo que hace es salir de un hueco para caer en otro más grande y profundo. La gente se ríe del llamado al diálogo y la reconciliación, ninguno de los dos bandos supuestamente por reconciliar se lo cree. No perdamos de vista que mientras esta farsa se construye, caminan al lado, en una realidad paralela, las “invitaciones” a prisión preventiva que podrían derivarse del dinero de Odebrecht sobre los líderes de la política nacional. Ya saben: los que están adentro, los prófugos y los pendientes. De manera que la cosa es contra el reloj, el desenlace -el descabezamiento del Gobierno, la toma de control del TC, PJ y MP- debe ocurrir antes de que todos los que faltan estén adentro. Esa es la cruda realidad, porque por lo demás, nadie tiene problemas. Si no fuera por eso todo, seguiría igual. El exdictador seguiría preso, su asesor Vladimiro también, aunque ahora mantenerlo callado tendrá un precio mayor. Los que alcahuetean un noviazgo entre PPK y el exdictador saben que es un absurdo para ganar tiempo, porque PPK parece haber desarrollado en las manos ese mal que le atribuyeron a los pies de Atila: donde pisa no vuelve a crecer hierba. Dolencia y maldición que solo dejarán de importarnos el día que concluya su mandato. O antes, cuando ya con las elecciones regionales y municipales encima, terminemos por convencernos de que a la gente le gusta el autoritarismo con populismo (que le regalen tápers) y que roben pero hagan obra. Con la corrupción institucionalizada, nos iremos pareciendo políticamente a México.

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