Opinión

Alguien gana con el escándalo

Muchos de los que fruncen el ceño cuando un corrupto cae en desgracia, ahora parecen silbar al techo.

26 de Enero del 2017 - 09:20 Renato Sandoval

Hace un par de días escuché a los analistas Carlos Tapia y Víctor Andrés Ponce mencionar a quién y a quiénes les favorece el destape de la megacorrupción de Odebrecht. Ustedes ya se imaginarán. Aunque a algunos les cueste aceptar, nadie habla de Keiko Fujimori, Fuerza Popular ni la oposición insana al gobierno de Kuczynski.

Comparto esta opinión porque desmenuza el giro que tiene la política peruana, dividida por mucho tiempo entre honestos a golpe de pecho y corruptos a mucha honra.

Al investigarse solo las coimas desde el toledismo, pasando por el alanismo y el humalismo, la ciudadanía siente que al final toda la clase política peruana está embarrada con dinero sucio, en este caso, brasileño.

Muchos de los que fruncen el ceño cuando un corrupto cae en desgracia, ahora parecen silbar al techo. Por eso, los fujimoristas pueden -aunque suene increíble- sentirse espectadores del hundimiento de sus antes detractores: Toledo y Humala, y de su compañero de farra electoral Alan García.

Tal vez por eso Keiko Fujimori quiere dar lecciones de moral y fortaleza mental al presidente Pedro Pablo Kuczynski, indicándole no solo a él lo que debe hacer sino, también, a los órganos fiscalizadores.

Las noticias de personajes corruptos han dejado de ser made in Fuerza Popular, aunque la chapa de sheriff sea forzada.

Ahora bien, lo que puede pasar más adelante, con la caída de los peces gordos -difíciles de atrapar-, tampoco garantiza el detonante para que nuestra sociedad cambie a la hora de elegir a las autoridades. El “roba pero hace obra” aún no ha pasado de moda.

Eso sí, aunque Keiko Fujimori salga ganando con el rechazo de la población a quienes nos han gobernado en los últimos años, no se descarta que en el futuro asome un político antisistema, tipo “Humala 2006”, que se lleve las palmas de la tribuna. 

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