Algunos conocidos míos y sobre todo los picapalos, se incomodan cuando se plantean los temas a la luz del día. Ayer, hoy y mañana voy a seguir sosteniendo que la nueva área agrícola que incorpore el proyecto del Alto Piura no se debe permitir que se convierta en un área de minifundistas. Previo a la comparación de las propuestas debo puntualizar que una de las características del actuar de los picapalos es la de plantear asuntos muy simples y fáciles ante los oídos y ojos de la gente, de tal manera de llamar la atención de la masa. Para ellos, el proyecto Alto Piura debe beneficiar a “los humildes campesinos”, debe ser una oportunidad “para los más pobres”, con estos slogans simples por cierto y que parecieran demostrar tal grado de sensibilidad humana, logran atraer a la mancha, al número, a la voz del pueblo, que es la voz de Dios, que es lo que les interesa. Los picapalos no son ignorantes, todo lo que hacen lo planifican, por lo tanto su predicar y sus acciones están cargadas de premeditación, ventaja y alevosía. El proyecto Alto Piura tiene como uno de los objetivos, mejorar el riego de 31 mil hectáreas que corresponden al valle viejo, esa área señores para su conocimiento, viene siendo administrada, mal manejada, deteriorada por miles de campesinos desde hace décadas. Al llegar agua por gravedad a sus parcelas, y reemplazar el sistema de riego de bombeo de agua subterránea, se benefician a los más pobres. Si tienen agua permanente y con un caudal regulado se benefician los pobres. Desde luego que tienen que pagarla. Por lo tanto, la cantaleta que el proyecto no va a beneficiar a los más pobres es pura pose y de la más barata. Pero resulta el colmo ? por decir lo menos-, pedir que las 19 mil hectáreas nuevas, que se van a incorporar a la actividad agrícola, se distribuya entre los más pobres. Si le hiciéramos caso a los picapalos y distribuimos las tierras en unidades de 5 hectáreas, se favorecerían con la pobreza 3800 campesinos, que atarían a la parcela a dos de sus hijos, más el padre de familia el bingo se lo repartirían 11,400 “beneficiarios”, que trabajarían sin beneficios sociales y en determinadas semanas recibirán un salario de 20 nuevos soles. Y como premio adicional, no estudiarían. Para que funcione el sistema minifundista se tendrían que construir canales secundarios, cercos, caminos y estacionamiento para el burro en las 3800 pequeñas parcelas. Que tal desperdicio de área. Vaya usted e intente que los 3800 coordinen para ofertar una producción rica en calidad, apetecible en cantidad y seria en continuidad, lo más seguro -como lo vemos ahora- es que se enfrentaran por el reparto del agua y cada quien sembrará según la costumbre y mejor parecer. Si las 19 mil hectáreas se distribuyen en unidades de 500 hectáreas, tendremos a 38 empresas operando en la zona, y con seguridad que apostaran por el riego tecnificado, por la aplicación de tecnología de punta, será factible que coordinen para producir para la exportación. Sé que la palabra exportación les aterra a los picapalos, pero la verdad es que se nos presenta una gran oportunidad en el mercado internacional por el tipo de suelo, clima, agua y variedades de productos agrícolas que podemos ofertar. Pero sigamos con nuestro raciocinio, si cada una de las empresas conservadoramente da empleo a 400 trabajadores, reconociendo todos sus derechos, tendremos 15,200 personas jefes de familia con capacidad de gasto permanente, con esposa e hijos con atención médica, que en nuestro país no es poca cosa. Una de las ventajas de la propuesta minifundista de los picapalos, es que habría un aumento considerable de burros, que supone un medio de transporte ecológico y barato, desde luego con carreteras en mal estado. En la propuesta de mediana propiedad, con tecnología de punta, abundaría la maquinaria, los carros y esos aparatos -como diría mi abuelo- echan humo, en otras palabras contaminan. Pese a ello tendríamos una parte del Alto Piura desarrollado, con carreteras en buen estado.