Opinión

Amicalismos

COLUMNA: Rolando Rodrich

27 de Noviembre del 2018 - 07:00 Rolando Rodrich

Es probable que la mayoría de jueces y fiscales de Piura sean correctos, pero la población no confía en ellos. Esa es la “percepción”, palabreja que en los últimos tiempos ha reemplazado lo que, en el esquema antiguo de los medios, respondía a la “opinión pública”, hoy puesta en cuestión por el exagerado peso de las redes sociales. Lo cierto es que cuando se trata de despejar las expectativas para luchar contra la corrupción, la población observa el descaro con que se ignoran las formas y distancias que jueces y fiscales deben mantener de personas e instituciones que deben ser fiscalizadas, porque son focos de corrupción. Becas, cursos de posgrado, maestrías, doctorados honoris causa y otras gollerías y compadrazgos opacan la transparencia que se espera de los hombres de leyes. Por eso, es común pedir algunas “barbaridades” legales, como demandar que se traigan jueces y fiscales de otras regiones del país, porque quizá así se obtenga la independencia que los locales no poseen, hipotecados y endeudados por el amicalismo inmoral. Es que en todas partes del país ocurre lo mismo, me lo explicaron a modo de mal de muchos, consuelo de tontos. Quizá estén esperando que alguna feliz casualidad, como los audios de la mafia de la Corte del Callao, los pongan en la obligación de hacer su trabajo. No les importará quedar como unos timoratos que fueron incapaces de actuar, sabiendo que navegaban junto al fango.

Ese es el triste papel que hoy se constata de los propios organismos de control de la administración y los poderes públicos. Contralores que nunca descubrieron nada. Después, la granada te explota en la cara y se pierden la oportunidad de pasar a la historia, como esos profesionales de la ley dicen o aparentan ser. Esperaremos los recambios generacionales.

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