En los últimos días asumieron funciones gobernadores y alcaldes en todo el país, y llama la atención lo sucedido con las autoridades ediles de las provincias de Arequipa y Trujillo, quienes de saque han empezado con el pie izquierdo. Ojalá me equivoque, pero desde ya actitudes como las de estos nuevos burgomaestres deberían hacer que los electores estén muy atentos para exigirles obras, trabajo y honestidad, en lugar de prepotencia, histrionismo y faltas de respeto.
Víctor Hugo Rivera es el nuevo alcalde de Arequipa. En su primer día en funciones, una periodista se refirió a él como “señor” al hacerle una pregunta relacionada al cambio del color que identificará a su gestión, el cual coincide con el de su agrupación política. No se le ocurrió nada mejor que decirle de mala manera que lo trate de “alcalde”. Aparte de eso, el caballero dispuso tener dos ceremonias de toma de cargo, y no una. Las pagaron todos los arequipeños.
Si vamos a Trujillo encontramos a Arturo Fernández, flamante alcalde provincial, “célebre” por haber puesto un inmenso huaco erótico de fibra de vidrio en la entrada de Moche cuando era burgomaestre de este distrito. Antes, en la pandemia, decidió no hacer caso a las disposiciones sanitarias dictadas desde el Ministerio de Salud. El hombre ya paseó a caballo, juró por un dios mochica, se puso banda roja y blanca en el pecho, y no descartó postular a la Presidencia de la República.
Pero más allá del circo, el alcalde Fernández ha salido a lanzar, sin prueba alguna, graves acusaciones contra el jefe de la III Región Policial (La Libertad), general PNP Augusto Ríos Tiravanti, quien acaba de ser ratificado en el cargo por su buen trabajo. El oficial ya adelantó que procederá a querellarlo por afectar su honor y buen nombre. Un poco de mesura y modales no le vendrían mal a la autoridad de la capital liberteña, que tiene que trabajar de la mano con la policía.
Las regiones, provincias y distritos necesitan autoridades responsables, no prepotentes ni payasos que llegado el momento, vayan a tratar de ocultar su ineptitud y actos corruptos con cualquier pretexto. Hay mucho trabajo por hacer como para dedicarse a cualquier otra cosa que no sea gestionar con honestidad y dar buen uso a los recursos públicos. Arequipa y Trujillo merecen tener alcaldes a la altura de los retos pendientes.




