Opinión

Asilo infundado

El asilo es una figura profundamente política que no debe ser desnaturalizada.

25 de Noviembre del 2018 - 08:09 Alberto de Belaunde

Vivimos en democracia. Una democracia en donde rige la separación de poderes, en donde contamos con una prensa libre, en donde el oficialismo es cada vez más minoritario y en donde la mayoritaria oposición goza de total libertad. Sin embargo, desde el pasado fin de semana, el aprismo y sectores afines se esmeran en tratar de demostrar lo contrario.

Así, una investigación fiscal por corrupción ha sido convertida en una “persecución política”. Unas fallidas investigaciones en sede parlamentaria terminan siendo documentos exculpatorios. Una movilización ciudadana es transformada en un linchamiento digitado por Palacio de Gobierno. Una repudiable agresión a un político termina siendo atribuida, sin prueba alguna, a un congresista independiente pese a que ya se identificó a los responsables. Vemos, entonces, como la falta de argumentos termina configurando una grosera manipulación de la realidad.

A la carencia de razones se suma la incoherencia, sino recordemos a los parlamentarios que inicialmente criticaron a los colegas del Frente Amplio que viajaban a Uruguay y, al final, terminaron haciendo exactamente lo mismo. Y en ese análisis, no debe olvidarse el fallido proyecto de ley que buscó boicotear el referéndum y, desde luego, las posiciones que asumían muchos parlamentarios con respecto a la corrupción y al asilo, cuando eran otros los políticos involucrados.

El asilo es una figura profundamente política que no debe ser desnaturalizada. Este pedido debería ser rechazado, pues García Pérez no sufre ninguna persecución política. Se ponen en riesgo las relaciones con Uruguay. Sin embargo, confío en que finalmente esta gran nación no se va a prestar a una jugada que tiene claros indicios de solo querer asegurar impunidad.

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