Opinión

Brasil: Michel Temer encarcelado

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

22 de Marzo del 2019 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

La política brasileña vuelve a ocupar los titulares de los medios en América Latina. Michel Temer (2016-2018), que asumió la Presidencia del gigante sudamericano luego de la destitución de Dilma Rousseff (2011-2016) -en ese momento era aliado político y vicepresidente de la mandataria-, ha sido detenido preventivamente en Sao Paulo por la presunta comisión de los delitos de corrupción, peculado y lavado de dinero. Temer siempre estuvo en la mira de la justicia, que no podía hacer nada mientras ostentaba el cargo de jefe de Estado. Ya en el poder Bolsonaro, a Temer le tocó retornar al llano y esperar una cantada detención. La Fiscalía imputó al presidente más antipático e impopular de la historia reciente de Brasil -aunque logró detener el declive económico al cual el gobernante Partido de los Trabajadores estaba llevando al país -, ser miembro de una organización criminal y, por ahora, pasará un tiempo en la cárcel por un mandato judicial de detención mientras corren las investigaciones. Se trata del segundo expresidente carioca encarcelado en menos de un año. Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) se encuentra en prisión condenado a 12 años de cárcel.

La operación “Lava Jato” sigue imparable en su objetivo de evitar la impunidad, juzgando a quienes realmente tengan responsabilidad por la comisión de delitos. Aunque se trata de un asunto puntualmente penal, Jair Bolsonaro debe estar cosechando puntos a su favor, más aún, cuando cuenta como ministro de Justicia y Seguridad Pública al exjuez Sergio Moro, considerado un auténtico símbolo de la lucha contra la corrupción en todo Brasil -algunos hasta lo dan como presidenciable para el 2022- primero al encabezar la denominada operación “Lava Jato” como magistrado y ahora, lidiando con sus nuevos enemigos políticos como ministro. Más allá de toda la carga política que rodea a la detención de Temer, lo que no debe pasar -lo digo también en el caso del Perú- es que los procesos judiciales terminen volviéndose parte de un circo político, que desnaturalice las imputaciones existentes o en marcha despreciando el pétreo principio de presunción de inocencia y perdiendo su carácter garantista. Cuidado con eso. 

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