Opinión

Buenos filtradores, malos filtradores

COLUMNA: Francisco Cohello Puente

23 de Enero del 2019 - 07:00 Francisco Cohello

La filtración del documento base del Acuerdo de Colaboración entre la justicia peruana y la empresa Odebrecht ha puesto sobre el tapete la absurda e inaceptable dicotomía que pretende colocar en el lado oscuro de la moral a quienes han publicitado el convenio y/o cuestionan gran parte de sus fundamentos. Es decir, un sector ideologizado, o que ha arriado las banderas del periodismo para agitar las del activismo político, promueve la absurda, maniquea y torpe consigna que señala que detrás de los filtradores y críticos del acuerdo están los que buscan sabotear la lucha anticorrupción. Nada más falso y ruin. En principio, porque el acuerdo tiene tantos flancos débiles y exhibe tantas elocuentes fisuras que no criticarlo sería un acto de claudicación inaceptable, cuando de lo que se trata también es de defender los legítimos intereses del Estado y determinar si es óptima la actuación de los responsables de hacerla. La doble moral, o esa revestida de moralina y aliada de lo políticamente correcto, pretende neciamente empujar al abismo de los indeseables a quienes develaron el texto total, obviando que los detalles del documento fueron expuestos -como tantas otras investigaciones reservadas- por IDL Reporteros el sábado 8 de diciembre. ¿Por qué la filtración -con los mismos datos- es proclive a la corrupción si la hace Philip Butters, pero constituye un enaltecedor hallazgo periodístico si la logra IDL Reporteros? Criticar el acuerdo, o filtrarlo para conocerlo por su evidente interés público, es una opción tan válida como la de aquellos que se han inscrito en el club de fans de JDP, que celebran sus desafíos y se complacen en sus excesos e inconductas. Criticar el acuerdo o filtrarlo, con una Fiscalía que ha sido una selectiva coladera, no resta en lo absoluto la convicción de que tras la búsqueda de la verdad, sin sesgos ni parcialismos, todos los que están implicados en casos de corrupción, se apelliden García, Fujimori o Villarán, deben ser judicialmente aniquilados por el incuestionable peso de la ley.

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