Opinión

​¿Caerá el mausoleo?

No podemos sacarlos de circulación, por más que hasta el jefe del Estado se pronuncie en contra de ellos

06 de Octubre del 2018 - 08:04 IVÁN SLOCOVICH PARDO

El Congreso, por iniciativa del legislador Alberto de Belaunde, ha dado esta semana una norma que permite, de una buena vez, la demolición del infame mausoleo que la banda armada Sendero Luminoso levantó ilegalmente en Comas para enterrar a los muertos en el motín terrorista de la entonces isla penal El Frontón, en junio de 1986, el cual sigue en pie a casi dos años de que en Correo hiciéramos pública la existencia de esta estructura de ladrillo y cemento.

Y el titular de esta columna va en modo pregunta y cargado de escepticismo, porque desde que el 23 de setiembre de 2016 difundiéramos en nuestras páginas y plataformas digitales la existencia del mausoleo, nada se ha hecho para desaparecerlo a pesar de que el Poder Judicial, el Ministerio Público, la Municipalidad de Comas y hasta el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski ofrecieron traérselo abajo.

Todos han hablado, ofrecido, opinado y al final nada de nada, pues el mausoleo senderista ha seguido ahí sacándonos la lengua a los peruanos, mostrándonos la magnitud de la incapacidad del Estado para dar una respuesta contundente y oportuna a las acciones de los seguidores de Abimael Guzmán, destinadas a decirnos que están presentes y que no podemos sacarlos de circulación, por más que hasta el jefe del Estado se pronuncie en contra de ellos.

Vale mencionar en estas líneas al congresista del Frente Amplio Justiniano Apaza, quien opinó que el mausoleo de los senderistas no debería demolerse. No obstante, la postura de este legislador de izquierda no debería sorprender, si tenemos en cuenta que el año pasado cuestionó que los comandos que entraron a la residencia del embajador de Japón en Lima, para liberar a 72 rehenes, hayan eliminado a los terroristas, por considerar que estos últimos estaban en “desigualdad”.

Han pasado dos años desde que el país sabe de ese mausoleo y ahí sigue en pie. Tenemos ahora una ley para traerlo abajo y eso está muy bien. Ojalá, de todo corazón, que se haga efectivo el derribo. Sin embargo, mientras no vea caer hasta el último ladrillo de esa estructura, que fue inaugurada en medio de cánticos senderistas y hasta con fuegos artificiales, me mantendré escéptico viendo cómo el terrorismo se burla de nosotros los peruanos.

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