Opinión

Cambios tardíos

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

16 de Abril del 2019 - 07:30 Iván Slocovich Pardo

Es acertada la decisión del presidente Martín Vizcarra de retirar del gabinete ministerial a Carlos Bruce y Edmer Trujillo, quienes ocupaban, respectivamente, las carteras de Vivienda, Construcción y Saneamiento; y de Transportes y Comunicaciones. Sin embargo, la forma en que han dejado sus cargos, luego de ser respaldados públicamente por el premier Salvador del Solar, termina siendo un golpe -un autogolpe más bien- para la actual administración.

Bruce tuvo que ser apartado del cargo apenas se conoció que estaba siendo investigado por el Ministerio Público por sus presuntos nexos con una banda de autoridades corruptas en Chiclayo, mientras que Trujillo debió salir al día siguiente del incendio de un ómnibus en el terminal ilegal de Fiori que cobró la vida de 17 personas. El Ejecutivo no debió empeñarse en mantenerlos si se sabía que su permanencia era insostenible.

La renuncia de ambos ministros, confirmada el domingo por la noche, más bien parece una reacción a la encuesta de la empresa Ipsos conocida ese mismo día por la mañana a través de El Comercio, en que se muestran la continua caída de la aceptación presidencial y los cuestionamientos al gabinete Del Solar, y no una determinación desinteresada, motivada por el deseo de contar con funcionarios libres de cuestionamientos.

Quien también tiene asuntos por aclarar en la Fiscalía es la ministra de Educación, Flor Pablo Medina. Más allá del escándalo de los textos escolares con contenidos inapropiados y su hasta ahora poco consistente denuncia de “manos negras” dentro de su sector para desacreditar el enfoque de género, la titular del sector viene siendo investigada por un caso de presunta corrupción que se remonta a años anteriores. ¿Es pertinente su permanencia en el cargo?

Un gobierno que se promociona como el abanderado de la lucha contra la corrupción no puede contar con funcionarios cuestionados ni siquiera por investigaciones preliminares. Ha habido una grave falta de reacción del Ejecutivo, quizá creyendo que las críticas a ciertas presencias en el gabinete venían de esos “grupos de poder” que menciona la ministra de la Mujer, Gloria Montenegro, cuando en verdad provenían de la calle y del ciudadano de a pie. 

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