Opinión

CAMILO SESTO Y SU APORTE AL IBEROAMERICANISMO

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

10 de Septiembre del 2019 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El excepcional Camilo Sesto, que nos ha dejado en la madrugada del domingo 8 de setiembre -en 8 días más desde su partida habría cumplido 73 años de edad-, con sus canciones y sus composiciones marcó toda una época de la música romántica de habla hispana. Como muchos otros cantantes -Raphael, Nino Bravo, José José, Julio Iglesias, Basilio, Roberto Carlos, Juan Gabriel, César “El Mono” Altamirano, Homero, etc.-, formó parte de la generación de los baladistas iberoamericanos de la Guerra Fría. Cuando Camilo Sesto nació en Alcoy (1946), ya habían transcurrido 7 años del final de la sangrienta Guerra Civil Española (1936-1939), que golpeó, y mucho, a la península ibérica, y por supuesto a la provincia de Alicante, de donde él provenía, que había sufrido uno de los peores y más atroces bombardeos (1938) durante la guerra; y a un año del final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), contienda bélica internacional en la que España no intervino por decisión de Francisco Franco luego de su frustrado encuentro con Adolfo Hitler en el marco de la denominada Entrevista de Hendaya (1940). De origen muy humilde, hacerse un espacio y ganar un nombre fue el mayor triunfo que alcanzó en su brillante carrera como artista melódico. Escucharlo en una época en que el boom televisivo a los niños y adolescentes de los 70 nos volvió incontrolablemente noveleros -pegados del televisor a tubos y en familia-; mirábamos Los ricos también lloran, que llevó al estrellato a la mexicana Verónica Castro. La juventud enamoradiza se quebró al ver llorar a su madre cuando le dedicó “Perdóname”, arrancándole el baladista un llanto desde el asiento donde ella se hallaba en el auditorio Palma de Mallorca (1982), y en presencia de Rocío Dúrcal y Ángela Carrasco, con quienes tendría jornadas a dúo, apadrinando a esta última, como lo hiciera en su momento con Miguel Bosé, hijo de una de sus más entrañables amigas. No tuvo tiempo para hablar de política ni mostrar afinidad alguna porque se dedicó al amor de comienzo a fin. Camilo Sesto fue un cantante con enorme personalidad y capacidad histriónica. Fue un completo divo, una condición que pocos baladistas podrían llegar a alcanzar. Al Perú vino en varias oportunidades. Su mayor legado fue, sin duda, constituirse en el gran conector de la canción romántica entre España y América Latina.

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