Opinión

Caso Odebrecht impacta en la moral política de la región

Columna de Miguel Ángel Rodríguez Mackay

15 de Diciembre del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El caso Odebrechet es el más grande de corrupción que jamás se haya registrado en la historia de América Latina. Está impactando letalmente en la normalidad de la vida nacional e internacional de nuestros países, produciendo verdaderos terremotos políticos por hallarse comprometidos muchos actores gubernamentales. La razón no es de difícil deducción. Los operadores de Odebrechet llevaron adelante un sistemático mecanismo de sobornos sobre quienes tenían en sus manos el control del poder político en los países de la región o respecto de aquellos que, por su expectativa de proyecciones, pronto lo tendrían. Así, la mafiosa empresa brasileña se convirtió en la más grande en el rubro de construcciones e infraestructuras del continente. Su arribismo no tuvo la más mínima consideración del dinero de todos los ciudadanos de los países, cuyas autoridades fueron corrompidas. La consecuencia más grave es que por las delaciones premiadas fueron descubiertas las responsabilidades que siguen desestabilizando a varios países. Si la justicia no se muestra implacable, es probable que actores radicales o antisistemas -o quizás improvisados- puedan copar los espacios de la desilusión y el hartazgo crecientes. La impunidad debe ser descartada. Si los comprometidos, de comprobarse su responsabilidad, no van a la cárcel, la anarquía se va a apoderar del medio político-social y podría tirarse abajo la base de la institucionalidad que tanto ha costado construir desde que nuestros países se hicieron independientes en el siglo XIX o recuperaron la democracia de las dictaduras en el siglo XX. La concentración de las energías en el caso Odebrechet distrae de los grandes objetivos nacionales de nuestros países y el derrotero del desarrollo queda coyunturalmente subordinado por la crisis moral en la región que debe ser atendida. A estas alturas del partido, la axiología política en el hemisferio está desprestigiada y desde otros espacios del globo se la mira con desdén o recelo creando una coraza a la confianza y a la inversión que costará reconstruir, pero será nuestro debe hacerlo.

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