Estamos a puertas de una tercera ola de contagios de COVID-19 y creo que los peruanos tenemos derecho a estar preocupados no solo por la enfermedad en sí, sino también por las dudas que deja el gobierno del presidente Pedro Castillo en la mayoría de los sectores, los cuales están siendo manejados en medio de la mayor informalidad y con funcionarios de medio pelo cuyo mayor mérito es ser amigo o paisano de un mandatario al que el cargo le ha quedado inmenso.

Si la salud y la vida de los peruanos en medio de esta nueva ola de coronavirus, van a ser tratadas como las licitaciones en las que ha participado Karelim López, los ascensos en las Fuerzas Armadas, los cambios de colocación de los generales de la Policía Nacional que todavía no se concretan o los nombramientos en el Poder Ejecutivo, donde un funcionario llegó a ser designado en un mismo día en dos ministerios diferentes, estamos fritos todos.

Si la expansión de la pandemia pese a los importantes avances en la vacunación, va a ser afrontada por el gobierno del presidente Castillo tal como maneja Juan Francisco Silva el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, donde reinan las combis piratas y los ilegales taxi colectivos, y donde un jueves se designa a un funcionario peor que el nombrado el miércoles, mejor apaguemos la luz, gritemos “sálvese quien pueda” y esperemos resignados a que nos llegue la enfermedad.

¿Quién nos asegura que tercera ola viene siendo afrontada con seriedad? Antes veíamos con terror lo que pasaba por ejemplo en Arequipa, donde la salud de la gente había sido puesta en manos de un personaje como el entonces gobernador regional Elmer Cáceres Llica –hoy en prisión por cargos de corrupción– que comparaba al tóxico dióxido de cloro con la Coca Cola y creía que con ivermectina iba a salvar vidas, cuando la ciencia ya descartaba esa posibilidad.

Hoy tenemos a todo el país en manos de Castillo y sus amigos como Mario Carhuapoma, el cuestionado presidente de Essalud. ¿Serán capaces de salir airosos del reto que tienen por delante y del cual depende la vida de miles de peruanos? ¿La tercera ola de COVID-19 será afrontada en reuniones clandestinas y sin registro como las del pasaje Sarratea? ¿En plena crisis el mandatario se mandará mudar nuevamente a Chota para estar con su familia? Los temores son más que justificados.