Opinión

Cataluña: entre la independencia y la intervención

Columna de Miguel Ángel Rodríguez Mackay

28 de Octubre del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El Parlamento de Cataluña decidió la independencia de la región de España. Hizo lo que Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, el Gobierno catalán, no se atrevió a hacer. En el instante mismo de la decisión -que se contó por 70 votos, un poco más de la mitad del Parlament de 135 escaños-, se activó ipso iure -es decir, de pleno derecho- la intervención de Cataluña, votada por el Senado español de conformidad con el artículo 155° de la Constitución Española; esta medida establece como prerrogativa máxima del Ejecutivo adoptar las decisiones que sean más convenientes a fin de salvaguardar la estabilidad de la región de Cataluña y, por tanto, de toda la nación. Las autoridades catalanas han confirmado que no saben lo que quieren, mostrándose en todo momento confundidas, pues el propio Puigdemont llegó a declarar la independencia hace dos semanas aunque en ese mismo acto la suspendió; y luego, al intuir la inminencia de su posible detención, prefirió trasladar la mencionada declaración al Parlamento. Su pobre actuación ha confirmado su falta de liderazgo y su actitud timorata, no propias de un líder político responsable. La intervención de Madrid supone varios niveles de acción efectiva. De hecho, las autoridades catalanas quedan defenestradas de sus cargos y la marginalidad de sus conductas activa la posibilidad de sus detenciones y encarcelamientos. Respecto de las cuentas de Cataluña, será Madrid la que asuma el control para asegurar que no sean derivadas a los secesionistas. Lejos de lo que se pueda creer, Cataluña, que es la región más próspera y sólida de España, es la que menos inversiones ha tenido en las últimas décadas. Finalmente, las medidas de carácter coactivo -es decir, el monopolio del uso de la fuerza- serán asumidas por el Gobierno central, a fin de hacer prevalecer el orden en las calles de Barcelona. En definitiva, por la locura independentista -que la Unión Europea ni nadie sensatamente van a reconocer-, Cataluña y toda España son las que pierden y mucho.

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