Opinión

Ceguera

09 de Junio del 2014 - 06:53

Las últimas apariciones públicas de dos de las principales autoridades del país, el presidente del Perú, Ollanta Humala, y la alcaldesa de la capital, Susana Villarán, podrían ser sin duda un muy rico material para analistas políticos, sicoanalistas, historiadores, documentalistas y cualquier académico que desee tratar la ceguera que genera mirar la realidad desde la óptica del poder. Otra alternativa es que ambos personajes, intencionalmente, nos quieran ver la cara de tontos.

El domingo pasado tuvimos al presidente Humala hablando de grandes "reformas" de su gobierno. Al respecto dijo lo siguiente: "La reforma del servicio civil, la reforma de salud, la reforma magisterial educativa, la reforma tributaria, de las AFP, del mercado de valores, la reforma de defensa y seguridad, y dentro de la política social hemos creado un ministerio, el Midis, con una estrategia de incluir para crecer, y esto nos ha permitido construir programas sociales que antes no existían".

Cualquier incauto o un turista que escuchara al jefe de Estado, podría creer que el Presidente está revolucionando el país desde sus raíces y que quienes lo critican son unos mezquinos, malagradecidos u opositores con sesgo político. Sin embargo, sabemos que la mayoría de las reformas que menciona Humala están solo en el papel o no son percibidas por la mayoría de peruanos, que con toda razón se podrían preguntar dónde está todo eso que menciona el Presidente.

También está latente el tema de la inseguridad, la corrupción y programas sociales que ayudan, pero en muy pequeña escala, y eso que no menciono el fiasco de Qali Warma. No todo es malo, hay cosas positivas, pero difícilmente Humala puede promocionarse como un gran revolucionario de este país. Algo similar sucede con la señora Villarán, quien el viernes último habló de su gestión 2010-2014 como la que está salvando Lima, y que por lo tanto no puede dejar de postular a la reelección.

La alcaldesa habló de la famosa "reforma del transporte" y de sus obras, que habría que ver dónde están, pues uno camina por el Centro de Lima y está lleno de ambulantes y en las noches uno corre el riesgo de ser asaltado o de toparse con la prostitución clandestina en todo el jirón Zepita y alrededores. Aparte, no vemos todavía el túnel Santa Rosa y ni siquiera el malecón de la "Costa Verde Sur", ofrecido para hace tres años. La Parada ha sido importante, pero no lo es todo.

Un poco de baño de realidad (o de sinceridad para expresarla a los ciudadanos) no vendría mal al presidente Humala y a la alcaldesa Villarán.

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