Opinión

Challapalca

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

16 de Noviembre del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

De nuestro podrido e ineficiente sistema carcelario, en los últimos años la única cárcel segura parecía ser la de Challapalca, en la sierra de Tacna, a casi 4800 metros sobre el nivel del mar, a donde suelen ser enviados los delincuentes más bravos e incorregibles para que desde su encierro no estén organizando crímenes o manteniendo activos sus ilícitos negocios. Para esta gente, Lurigancho, Sarita Colonia, Castro Castro o El Milagro, en Trujillo, siempre han sido cosas de niños.

Sin embargo, parece que el relajo y la mano sucia de los delincuentes se están imponiendo allá en Challapalca. Durante las últimas horas, los internos han tomado como rehenes a empleados del Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), exigiendo su traslado a otros penales, como si no se dieran cuenta de que están en ese penal precisamente por su alto grado de peligrosidad y porque en otros lugares no se les podría controlar.

Pero eso no ha sido todo. En medio de esta situación violenta que al cierre de esta columna no logra ser controlada, fue asesinado dentro del penal el peligroso hampón trujillano Julio Becerra Espejo, (a) “Gordo Julio”, de la banda de extorsionadores y asesinos conocida como “Los Ochenta”. Ha tenido que ser movilizada una unidad del Ejército a las alturas de Challapalca para apoyar en la operación de restablecimiento de la autoridad.

Hace un mes, el 14 de octubre, también en el duro penal tacneño, asesinaron con un cuchillo a otro incorregible trujillano llamado Segundo Correa Gamarra, (a) “Paco”, cabecilla indiscutible de “Los Malditos del Triunfo”, del convulsionado distrito de La Esperanza. Extorsionador y criminal de temer. Por ahí circulan las imágenes de su velorio en la capital liberteña, en el cual hubo disparos al aire a manera de “homenaje”.

En este momento, la prioridad debe ser liberar a los empleados penitenciarios que están en manos de los internos, todos de alta peligrosidad. Luego de ello, se debería determinar qué está fallando en Challapalca, penal que durante un tiempo fue cerrado por reclamos de “defensores de derechos humanos”, pero que es muy necesario a fin de tener bajo control a delincuentes para quienes la palabra “resocialización” parece no existir.

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