Opinión

CHECHENIA: HOMOSEXUALES EN RIESGO

​Las macabras declaraciones del presidente de Chechenia, hoy en jurisdicción de Federación Rusa -persiste un conflicto por su independencia-, sobre los homosexuales en su país advirtiendo que “los quiero eliminados antes del comienzo del Ramadán”, constituyen una flagrante amenaza desde el propio Estado a la integridad de aquellas personas que sienten atracción sexual por otras de su mismo sexo.

27 de Abril del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Las macabras declaraciones del presidente de Chechenia, hoy en jurisdicción de Federación Rusa -persiste un conflicto por su independencia-, sobre los homosexuales en su país advirtiendo que “los quiero eliminados antes del comienzo del Ramadán”, constituyen una flagrante amenaza desde el propio Estado a la integridad de aquellas personas que sienten atracción sexual por otras de su mismo sexo. 

Se trata de una ofensa del propio jefe de Estado a la comunidad LGBT chechena, lo que, a mi juicio, constituye un grave retroceso para la doctrina de los derechos humanos, que consagra el respeto incólume del derecho inmanente del ser humano sobre el destino de su calidad sexual. Hasta el papa Francisco viene liderando una visión renovadora e innovada de la Iglesia sobre la homosexualidad. 

Lo dijo sin prejuicios en su exhortación apostólica “Amoris Laetitia” (La alegría en el amor), reiterando su defensa de los homosexuales al señalar que a toda persona debe valorársela a partir de su dignidad y no por sus tendencias sexuales. Seamos claros: la moralidad es una condición independiente de la opción sexual. Si manejamos una categoría axiológica, para nadie es un secreto que existen muchos heterosexuales completamente inmorales y, en cambio, hay homosexuales que tienen una conducta intachable. 

Por supuesto que al presidente checheno, Ramzan Kadyrov, parece no importarle nada de lo que escribo. Su discurso reaviva los comportamientos de desdén registrados en una montaña de episodios de la historia universal. Desde el pensamiento social de la Iglesia y de su magisterio, vistos en su acto interpretativo contemporáneo, todos los hombres de buena voluntad, sean heterosexuales u homosexuales, alcanzarán la gloria de Dios. Esto último es lo extraordinario y tira al tacho las percepciones negativas que sobre estas personas la sociedad por largo tiempo apañó. La homosexualidad es un estado de naturaleza. Algunos nacen con una carga somática y otros lo son por conducta adquirida y, por cualquiera de esas razones, nadie debe rechazarlos ni mucho menos amenazar su existencia.

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