Opinión

​¿Comisión de maquillaje?

¿Qué tal si jueces y fiscales son elegidos en votación popular -cumpliendo requisitos básicos- de modo que cada jurisdicción pueda escoger a los funcionarios de justicia que mejor se ajusten a sus urgencias?

14 de Julio del 2018 - 07:35 Eugenio D'Medina Lora

El escándalo de los audios que destapan los últimos manejos turbios en el Poder Judicial ha provocado la reacción gubernamental de nombrar apresuradamente un grupo especial de trabajo bajo el pomposo nombre de “Comisión de Reforma del Sistema de Justicia”. Lo acelerado de la decisión se devela por la escala del desafío: reformar el sistema de justicia, nada menos, y proponer las reformas en apenas doce días. Una tarea como esa requería, cuanto menos, establecer términos de referencia para el perfil de los integrantes de la misma, los mismos que deberían contar con amplios consensos. Sin embargo, en vez de ello, se han nombrado, a dedo, a un grupo de presuntos “notables” jurídicos, los cuales parecen alinearse ideológicamente, cuanto menos en su gran mayoría, lo que desnaturaliza el evidente sentido de la imparcialidad y equilibrio que una reforma judicial profunda debería necesariamente conllevar, para ser creíble. Por otro lado, cabe preguntarse si un mandato de tamaña magnitud debe recaer en manos de solo siete ciudadanos peruanos. Como ejemplo, juristas como Javier Valle Riestra, Marco Ibazeta y Javier Villa Stein tendrían mucho que aportar en un grupo especial como este, además de balancear mejor las distintas tendencias. También es razonable cuestionarse si todos los miembros deban ser abogados necesariamente, interesados en sostener el statu quo, cuando hay cambios que requieren más profundidad desde lo conceptual. ¿Los nombrados garantizan ese tipo de cambio? Un ejemplo está en la designación de autoridades. ¿Qué tal si jueces y fiscales son elegidos en votación popular -cumpliendo requisitos básicos- de modo que cada jurisdicción pueda escoger a los funcionarios de justicia que mejor se ajusten a sus urgencias? Ya se hace en Estados Unidos y funciona. ¿O será demasiado “reformista” para los “reformadores”? 

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