Opinión

Corazones congelados

No tenemos que esperar que golpee el desastre natural para reaccionar. El secreto del buen gobierno radica en la cultura de prevención

20 de Febrero del 2018 - 14:10

Sabemos que en junio, julio y agosto siempre llega el friaje, la helada al sur del Perú. Es un hecho anual, recurrente, previsible. La prevención, por lo tanto, que ya es una política de Estado, debe ser ejecutada. Primero, proteger la vida humana, en su mayoría de poblaciones vulnerables, comuneros y alpaqueros. ¿Cómo? Con abrigo, vivienda que mantenga la temperatura, medicamentos. Segundo, el cuidado de los animales, mediante un proceso simple de acopio de forraje, almacenamiento y acondicionamiento de cobertizos suficientes para salvar miles de alpacas, ovejas y vacunos todos los años. Acabemos con la paradoja de que en la región del Perú donde viven las alpacas, cuya fibra tiene propiedades térmicas, mueran niños todos los años por las bajas temperaturas.

El clúster productivo de las alpacas hay que construirlo mirando desde el exterior, conociendo qué pide el consumidor final. Esa información debe circular por todo el proceso productivo. El proceso debe comenzar con la transferencia de tecnología para la industrialización de las comunidades alpaqueras. Este desarrollo se ve impedido hoy por un monopolio, un mercantilismo vergonzoso. En el caso de la fibra de vicuña, la autorización para el acopio, transformación y venta la tienen exclusivamente unas pocas empresas que, como encomenderos de la Colonia, son las únicas que tienen derecho de compra. Esto, en pleno siglo XXI ante todo el país y el Gobierno, que desconocen estos hechos. He aquí indicios de las consecuencias: los niveles históricos de precios revelan que, mientras en el gobierno de mi padre el precio llegó a diez dólares la libra de fibra de alpaca, el precio actual es de menos de dos dólares. La manera de obtener un mayor precio para la fibra es industrializando a las comunidades alpaqueras.

Pero lo primero es atender las necesidades más urgentes. El friaje no es un impedimento para el desarrollo, es un reto que exige una respuesta. La helada enseña una cultura de la prevención. En primavera, verano y otoño debemos prepararnos para combatir la helada. Es lo que hacen países con climas más extremos que los nuestros. Y este año tendremos que hacer un esfuerzo de conciencia aún mayor, porque el calor virtual del mundial de fútbol va a encubrir la cruel realidad del friaje.

La columna vertebral del Perú es la cordillera de los Andes, es ahí donde viven las poblaciones más vulnerables. Innovar las tecnologías tradicionales -como la de la siembra de agua y la del proceso productivo de las alpacas- es el camino hacia el futuro. Los seres humanos no podemos continuar insensibles a una realidad que produce muertes todos los años, es momento de descongelar nuestros corazones.

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