Los shocks externos que hoy afectan a la economía tendrán un impacto negativo en el PBI. Frente a ese escenario, las medidas contracíclicas adoptadas por el MEF son acertadas: ayudan a amortiguar la caída y sostener la actividad. Estas demandarán, sin lugar a dudas, un esfuerzo fiscal considerable. Hoy, la discusión se centra en la revisión de las reglas fiscales y las decisiones de endeudamiento. Son temas relevantes, pero el verdadero objetivo debe ser volver a crecer, como mínimo, al doble del ritmo actual.
Para lograrlo, no basta con movilizar recursos públicos. También debemos crear condiciones para que la inversión privada se concrete. El interés de los inversionistas existe; también el apetito y la necesidad de proyectos. Lo que falta es un entorno predecible y confiable: reglas claras, regulación inteligente, procesos ágiles y una administración pública capaz de responder con oportunidad.
En situaciones de emergencia y necesidad de reactivación, se requieren vías expeditivas, con transparencia y controles, que permitan acelerar decisiones sin sacrificar la calidad. También hace falta innovación en la gestión pública.
El OEDI es un ejemplo que merece evaluación. Reportes recientes cuestionaron el balance entre los más de S/34 millones administrados y el único expediente técnico concluido. Esa brecha obliga a exigir explicaciones, medir resultados y esclarecer cualquier indicio de irregularidad.
Las medidas económicas del MEF son acertadas y necesarias. Pero deben ir acompañadas de cambios reales en esa “caja negra” que transforma decisiones, políticas y recursos en servicios públicos: la administración del Estado. Sin esa reforma, la política contracíclica podrá contener la desaceleración, pero difícilmente nos devolverá al crecimiento que el país necesita. Ese es el desafío colectivo.
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