Opinión

CUBA Y EL COMUNISMO QUE SE VA

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

23 de Julio del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

La reforma constitucional cubana en marcha prescindirá del término “comunismo”. En ese marco, me acuerdo del libro de la chilena Marta Harnecker (1937) “Los conceptos elementales del materialismo histórico”, uno de los manuales sobre el pensamiento marxista más leído en América Latina. De hecho, no hay sanmarquino que no lo haya leído de comienzo a fin. Harnecker era muy didáctica y entendible, virtudes pocas veces encontradas en los libros sobre esta teoría creada por el alemán Carlos Marx (1818-1888). Su obra “El Capital” solo fue interesante por su desarrollo acerca de la plusvalía -el economista David Ricardo fue el primero en mentarla- referida a la ganancia del empresario a costa de la explotación del obrero. Siempre he creído que el comunismo, que es el estadio ideal de la sociedad humana al que se llegaría por el marxismo y sus métodos: el materialismo histórico y dialéctico, estaba confinado a su extinción. Tampoco es que el comunismo fuera un pensamiento sin antecedentes. No. Marx debió leer y mucho en las bibliotecas de Londres -donde vivió amparado en Federico Engels (1820-1895), su amigo y mecenas-, a Hegel (1770-1831) y a los griegos para comprender de ellos la dialéctica y la mayéutica, respectivamente.

El comunismo arremetió contra el capitalismo que en el siglo XIX, por la Revolución Industrial, comenzó a ganar enemigos, pues los trabajadores fueron reemplazados por máquinas en las fábricas. Así, cundió y mucho durante las primeras décadas del siglo XX, la idea de que el capitalismo y el imperialismo eran abusivos y enemigos de los pobres, ganando adictos la denominada lucha de clases. Los ricos, por serlo, fueron arrancados de sus riquezas como lo hizo Fidel Castro, expropiándoles sus bienes en 1959. El problema no era ser rico sino, como sucede hasta hoy, que no existe la justa redistribución de la riqueza, la que no se consigue por la fuerza y sí, en cambio, y en democracia, dándole a cada quien lo que por su esfuerzo le corresponde. El comunismo, que no cree en la propiedad privada, se desvanece en Cuba, siendo su mayor pecado combatir la individualidad, que es intrínseca a la naturaleza del hombre. 

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