Opinión

Cuidado con la confusión

COLUMNA: Rolando Rodrich Sarango

03 de Septiembre del 2019 - 07:00 Rolando Rodrich

Tengo un amigo -que no es periodista- que se compra casi todos los diarios impresos y los lee con la esperanza de encontrar algo más aproximado a la verdad de lo que ocurre. Deduzco más o menos, de la forma como me lo explica, que intenta sacar un promedio para estar bien informado y, en consecuencia, disponer de mejores criterios para juzgar y opinar. Para saber, al final de cuentas, de qué lado ponerse. Estás perdiendo tiempo y dinero, le dije con la mejor de mis intenciones, pero se molestó. El común de los ciudadanos comienza a confundirse. No ve claro en qué estamos o de qué se trata. Por momentos esto parece una campaña electoral; en otros, una vulgar lucha por el poder; también el enfrentamiento entre los buenos y los malos, los corruptos y los que no quieren la corrupción, aunque nadie pueda asegurarse libre de ella, con lo generalizada que está hasta en los niveles de peces pequeños. Por ratos se asoman las pugnas ideológicas, los caseritos de un lado o del otro, los que están preocupados por su libertad porque jueces y fiscales son vistos como carceleros. Toda esta historia, a veces tensa y otras aburrida, recorre caminos paralelos: en la calle, en los pasillos judiciales, en escenarios políticos. Tiene protagonistas en libertad y otros que dirigen desde las rejas, tan igual como los “marcas” y otras bandas de secuestradores. Este fin de semana, en una jornada por los 50 años de la Universidad de Piura, una sabia catedrática nos recordó la historia del hipopótamo Felipe, que murió en el zoológico. En la autopsia descubrieron que los niños le lanzaban a su enorme boca abierta cualquier objeto a la mano: chapas de botellas, envolturas de golosinas. A los consumidores de medios informativos nos puede pasar lo que a Felipe: morir por una intoxicación informativa. Y no contemos, por ahora, al huaico de basura que puede llegar por las redes sociales. ¿Ser selectivos y con buen criterio? Quizá, pero también algunos solo buscamos leer lo que queremos creer y reducimos la verdad, la realidad, a nuestra realidad, a una burbuja.

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