Opinión

Del Alto Huallaga a la selva de San Gabán, Puno

COLUMNA: EDITORIAL

14 de Abril del 2019 - 07:30 Editorial

A inicios de este siglo la presencia del narcotráfico, en alianza con el terrorismo, controlaba varias regiones del centro oriente del país. Con firmeza, el Ejecutivo de ese entonces intervino en la zona, en especial en el Alto Huallaga, que por años se convirtió en zona liberada, y donde la presencia del Estado era nula y la violencia imperaba. De manera frecuente se informaba de asesinatos selectivos contra autoridades y, en especial, contra efectivos policiales.

Entre los años 2002 y 2004, parte de los cocaleros apoyados por el narcotráfico desestabilizaron la zona; sin embargo, desde que comenzaron las acciones de erradicación de cultivos de coca y promoción de la siembra de productos alternativos, acompañadas de campañas de pacificación, se recuperó la tranquilidad en la zona, junto con la detención de dirigentes violentistas, a quienes la justicia envió a prisión. La tranquilidad regresó al Alto Huallaga, y con ello las ciudades de la región crecieron rápidamente. Hay aún zonas cocaleras, en especial en el Vraem, pero hay que seguir luchando y apostando por la erradicación.

Ante este cambio en el centro oriente del país, varios productores de coca migraron a la selva de Puno y por buen tiempo operaron sin control alguno, convirtiéndose en proveedores del insumo principal para la elaboración de droga a manos de cárteles. Los recientes hechos registrados en San Gabán, Puno, con el saldo de dos fallecidos, son lamentables, pero es hora de que el Gobierno recupere el control en esta zona convertida en liberada, replicando la experiencia del Alto Huallaga.

tags