Opinión

“Del fastidio, energía”

Columna de Virgilio Martínez, chef y propietario de Restaurante Central

29 de Octubre del 2017 - 07:38 Virgilio Martínez

Explorar y enfrentarte a algo nuevo es totalmente incómodo. No solo te saca de tu zona de confort, de lo cotidiano, de lo que sientes que es lo que te gusta, sino que también te desafía y determina que resulten dos caminos: uno en el cual lo que experimentas explorando es bueno, placentero, te sorprende, impresiona y te hace despertar a posibilidades; otro en el cual no pudiste deshacerte de esa sensación rara, y nunca dejó de ser solo incómodo, que te hace decidir que no te gusta y que no quieres o querrás más de ello.

LAS RIQUEZAS DE LA AMAZONÍA. Hace unos días en la Amazonía de Tambopata, la lluvia empezó y no paró hasta casi las tres de la tarde. La ruta que Malena y los guías habían trazado debía empezar de todos modos; así que caminamos, entre árboles gigantes, hierbas, lianas, pisando lodo y esquivando troncos caídos. Hicimos paradas para encontrar plantas que curan o frutos silvestres que los locales habían esperado mostrarnos. Shapajas, huimbos, chimicuas, nombres extraños que nos cuesta memorizar -y eso que preguntamos veinte veces-. Sensaciones de frío, calor; incapacidad para comunicarnos claramente; el repelente y el bloqueador se diluían en nuestras caras mojadas, preparadas para un clima distinto. Tres horas después, en el calor de una de las estaciones de estudio, con una taza de café en la mano, envuelto en toallas, pensaba lo increíble que es la Amazonía. Que no hubiese cambiado nada ese día. Que no había lluvia o lodazal que nos reste de la experiencia de haber recorrido ese tramo corto pero intenso.Pensé también en el viaje a Aija en Áncash. A más de 4300 metros de altura, siguiendo los pasos cuesta arriba del Sr. Brito para llegar hasta el lugar al costado de un canal, donde fermentaba tocosh... Me costaba respirar y cada paso era pesado. El dolor de cabeza había empezado en la mañana y a la una de la tarde seguía latente. La suela de mi zapatilla estaba atravesada por espinas de un arbusto malo y el sol quemaba. De todo, lo que jamás voy a olvidarme es del tocosh sacado de la tierra a la minute y de haber visto por primera vez cómo cada capa de ichu mojado dejaba al descubierto estas papas fermentadas. 

UNA EXPERIENCIA EMOCIONANTE. Enfrentarte a algo nuevo en principio no es cómodo; pero es un motor importante para exigirte adaptarte, para apreciar el camino y el resultado, que en mi experiencia es emocionante. Incluso cuando lo que ves podría no ser enteramente impactante, aprecias de ti mismo el obligarte a salir. Esa energía del discomfort se ha vuelto nuestro día a día. Y digo nosotros, pues -aunque yo voy por la delantera y sueño, me involucro, exijo- el equipo es quien me sigue, sufriendo y gozando.No dudo que es en este momento el motor que encontramos para realizar nuestro laboratorio y restaurante, el centro de interpretación MIL para febrero del siguiente año. Los vuelos a las 4 a.m. - a veces sin estar completamente seguro del destino final- casi cada semana originan que uno disfrute, respire, observe, coma en altura, y conozca siempre algo nuevo. Conceptualizaremos en MIL sobre la base de ingredientes y técnicas diferentes gracias a eso. La misma energía para encarar lo novedoso nos hace escuchar y hasta resistir críticas de personas que no aprecian lo que hacemos como se aprecia el arte. El arte de interpretar.Entonces, invito a que vayas a un espacio desconocido; a salir de lo cotidiano, lo cómodo; a que dejes de vacacionar en una playa que ya visitaste, y viajes a ese sitio del que no sabes nada en tu propio país. Eso es como enfrentarte a un plato cuyos ingredientes no te suenan -ni cerca- a algo que has probado antes. Y eso es una aventura, de la que muy probablemente no te olvidarás y te felicitarás; y te sentirás satisfecho de haber sido un explorador, un artista.