Opinión

Democracia enferma

El Perú es uno de los 3 países con menor orientación democrática de toda América, por detrás de Venezuela y Brasil.

12 de Agosto del 2018 - 10:20 Pedro José de Zavala

El estudio “Cultura política de la democracia en el Perú y las Américas 2016-2017” nos muestra un panorama poco alentador. Solo el 52.7% de la población cree que la democracia es el mejor sistema político de gobierno, lo que nos sitúa entre los 8 países con menos apoyo a este, sin mostrar mejora alguna en los últimos 10 años. Resulta incluso más preocupante el saber que más del 50% de la población apoyaría un golpe de Estado militar, justificándolo por delincuencia extrema o por la alta corrupción generalizada.

Una posible causa de estos resultados es que somos el país de toda la región que menos confía en sus políticos. Solo el 7.5% de los ciudadanos lo hace (hace 10 años era el 16.4%) y esta cifra está directamente relacionada con el 75% de la población que percibe que los políticos están involucrados en temas de corrupción.

Como es lógico deducir, solo el 15% de los peruanos confía en los partidos políticos, siendo uno de los 3 países con menor confianza en ellos; y finalmente solo el 41% de la población confía en las elecciones, a pesar de ser el país con mayor participación de toda América, con el 89.3%.

Este mismo estudio informa que el 56% de los peruanos cree que hay muy poca libertad de expresión, posiblemente como consecuencia de que solo el 41% de la población confía en los medios de comunicación (estando estos en el punto más bajo de los últimos 10 años). Si bien es cierto que este nivel de confianza de la prensa es abismalmente mayor que la mostrada por los políticos, resulta poco robusta para lograr defender la democracia.

En conclusión, el Perú es uno de los 3 países con menor orientación democrática de toda América, por detrás de Venezuela y Brasil. Urge que se discutan y se aprueben -a la brevedad- las modificaciones de nuestro sistema político. El referéndum planteado por el presidente Vizcarra es un camino que puede acelerar esta reforma y hacer que los ciudadanos sean parte de ella. Aunque resulta poco probable, esperemos que el Congreso tenga la voluntad política y el valor de aprobar reformas que ayuden a revertir esta precaria condición.

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