El crimen moderno tiene la particularidad de ser cruel y excesivamente sanguinario. En la sociedad actual, el mal está fragmentado. Las organizaciones criminales son múltiples y se diferencian por grados de frialdad y deshumanización. En reducidas palabras, el crimen de nuestra época es la organización de la barbarie. Precisábamos en anteriores artículos que, “el crecimiento del crimen organizado crece en proporciones gigantescas”, por eso, el próximo presidente elegido en los comicios generales de este año tiene el especial encargo de acelerar la desintegración efectiva de organizaciones criminales y reducir al mínimo –pues siempre habrá criminalidad– la delincuencia que desgarra la tranquilidad interna e impide la convivencia armoniosa. En el cine, encontramos retratado un momento vinculado al crimen organizado. Scarface o Cara cortada (1932), es una de las grandes películas del director Howard Hawks. La película critica fuertemente la ley del hampa enquistada en América del Norte, y la cruel indiferencia del Gobierno ante la creciente amenaza del crimen contra la seguridad y libertad de la sociedad. En el transcurso del film, notamos una observación que aclara nuestro entendimiento respecto del Gobierno y los asuntos públicos, y es el mensaje del director del periódico, que se enfrenta a algunos integrantes del pueblo, diciéndoles: “Ustedes son el Gobierno, todos ustedes. Exijan que promulguen leyes que sirvan para algo. Promulgar leyes y hacer que se cumplan. El ejército ayudará, debemos ser realistas, luchemos contra el crimen organizado”. Un pueblo organizado y orientado a desintegrar el crimen organizado, tendrá un Gobierno aplicado a ejecutarlo.
DESINTEGRAR EL CRIMEN ORGANIZADO, columna de Alejandro Martorell
Licenciado en Ciencia Política