Opinión

Después de Rusia, viene Lima

COLUMNA: JAIME CHINCHA

15 de Junio del 2018 - 07:00 Jaime Chincha

El síntoma más común de la fiebre mundialista es que todo lo demás es secundario o, si volamos en temperatura (léase: cuando juegue la selección), es que nada más interesará. Sin embargo, a diferencia de una fiebre común que se va en unos días, la futbolera dura un mes; será transcurrido ese tiempo cuando la ruma de cosas que hayamos acumulado nos puede provocar un dolor de cabeza de tan solo mirarlas. Tengo la impresión de que la política nos devolverá de un sopapo a la “realidad posmundial”. No se olvide que este año elegimos alcaldes y gobernadores, y lo que he podido escuchar de los candidatos a Lima es insulso y muy pobre. La campaña municipal es una de las más gaseosas que hay; porque el alcalde de Lima se ha convertido en un funcionario que firma contratos y que hace cualquier cosa menos planificar la metrópoli. El alcalde no comanda a la Policía, solo al Serenazgo, que apenas previene y sin armas. Por eso gana la delincuencia. El alcalde no jefatura ni diseña el Metro, transporte vital para una capital que tenga la dignidad como premisa para sus vecinos; solo supervisa, a medias y sin orden, que el Metropolitano y los buses funcionen así de saturados como están. Por eso ganan las combis, los “chosicanos” y los nuevos “chinos” que, seguro, reemplazarán a los suspendidos. El alcalde se enfrenta a otros 42 burgomaestres, porque el alcalde de Lima es, en realidad, un eufemismo más que una responsabilidad. El alcalde está de espaldas a Pasamayito y a toda esa Lima que sobrevive sin que él se entere. Así que, candidatos, aprovechen que estamos volando en fiebre para que piensen bien su campaña. 

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