Opinión

Dinamarca, el estado del bienestar

Es considerado uno de los países del mundo con una calidad de vida envidiable

16 de Junio del 2018 - 07:33 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Dinamarca, nuestro rival de hoy en el Mundial de Rusia 2018, es un país que deberíamos conocer. Ubicado en el norte de Europa -zona escandinava- y con cerca de 5.6 millones de habitantes, Dinamarca -que significa “La tierra o marca de los daneses”- es considerado uno de los países del mundo con una calidad de vida envidiable. Se le atribuye ser reconocido como Estado de Bienestar, pues la prioridad máxima de los Gobiernos es que sus habitantes vivan principalmente felices. De hecho, así se le reconoce a su gente, que mantiene altos niveles de sentirse complacidos con la vida. No es que sea el Paraíso, pero realmente se le parece. Con un régimen de monarquía parlamentaria -actualmente la reina Margarita II es la jefa del Estado-, los daneses creen fervientemente en sus instituciones tutelares, en las que depositan toda su confianza. Ello explica por qué razón cada vez que suelen haber aumentos en los impuestos determinados según corresponda por el Gobierno, lejos de protestar, asumen dichos pagos como parte de su compromiso con la sociedad nacional; pues están convencidos de que el uso de los recursos públicos recaudados tiene una finalidad realmente impoluta y benéfica. La educación y la salud son completamente gratuitas y su preocupación por los pensionistas -y, en general, por la personas de tercera edad- realmente es de primer nivel, priorizando que mantengan una auténtica calidad de vida hasta el final de sus vidas. Una consecuencia de lo anterior es que sus altos e impresionantes indicadores de transparencia en la cosa pública o estatal han llevado a que Dinamarca sea considerada una nación con nulos indicadores de corrupción. Con una economía que tiene un enorme sostenimiento en la agricultura, el pueblo danés es uno de los que más consume la papa, legado peruano a la dieta alimenticia mundial. El denominado país de los grandes castillos medievales, aunque pertenece a la Unión Europea, no usa el euro; sin embargo, ello no ha sido un obstáculo para el aplaudido desarrollo de su economía. Finalmente, nuestros rivales, herederos de los vikingos, son una sociedad muy pegada al respeto incólume de los códigos de conducta social y cívica.

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