Opinión

Dios cumple su promesa hoy

COLUMNA: JAVIER DEL RÍO ALBA

10 de Junio del 2019 - 07:00 Javier del Río Alba

“Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre ustedes y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8). Con estas palabras, Jesús se despide de los apóstoles y asciende al Cielo. Anuncia así el cumplimiento de lo que Dios había prometido siglos antes a través de los profetas: “Derramaré mi espíritu sobre toda carne” (Jl 3,1) y “pondré mi ley en sus corazones, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jer 31,33). Es también lo que el mismo Jesús había prometido a sus discípulos: “Yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad” (Jn 14,16) y “cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad completa” (Jn 16,13). Todas estas promesas y muchas más que figuran en el Antiguo Testamento y en los Evangelios, Dios las cumple diez días después de la ascensión de Jesús al Cielo, cuando estando reunidos los apóstoles vieron aparecer unas como llamaradas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos y quedaron todos llenos del Espíritu Santo (Hch 2,1-4).

Es el acontecimiento que los cristianos conocemos como Pentecostés y celebramos cada año, en un domingo como hoy, con la certeza de que también en el aquí y ahora de nuestra vida Dios nos enviará el Espíritu Santo con la intensidad propia de esta fiesta y repetirá en nosotros lo que sucedió a los primeros cristianos: “Quedaron revestidos en alma y cuerpo de una vestidura divina y salvadora” (San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 17). De esta manera podremos comenzar a experimentar, ya en este mundo, la vida eterna; porque así como el pecado lleva a la muerte (Rm 5,12; St 1, 15), el Espíritu Santo nos lleva a la resurrección (Rm 8,11). Por eso, en este domingo de Pentecostés, los invito de modo especial a hacer el acto de fe en el don de Dios y abrir nuestros corazones de par en par para recibir al Espíritu Santo, dejarnos guiar por Él hasta la verdad completa, que es la vida eterna y, de esta manera, ponerla también al alcance de los demás dando testimonio del amor que Dios tiene por todos los hombres y mujeres que habitan en este mundo.

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