Opinión

DONALD TRUMP Y LA POLÍTICA EXTERIOR DEL DESPLANTE

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

11 de Junio del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

La foto que dio la vuelta al mundo el último fin de semana, en que se ve a los líderes del G-7 (Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) rodeando a un Donald Trump muy bien sentado inmutable y con los brazos cruzados escuchándolos, es la más elocuente del momento actual de las relaciones internacionales. Lo voy a explicar. El G-7 no es otra cosa que el grupo de los aliados de Washington, pero que más parecen sus subordinados. Trump lo sabe y por eso desde antes de llegar al encuentro en Canadá se propuso irritarlos lanzando la propuesta del retorno de Rusia al grupo, del que fue expulsado por anexar la península ucraniana de Crimea (2014). Lo hizo con el fin de allanar el contexto para advertirles que dejará de comerciar con aquellos socios que impongan aranceles a sus exportaciones. El “castigo”, pues, es no dar marcha atrás en el aumento de impuestos a las importaciones de acero y aluminio de otros países, lo que terminó destemplando a la canciller alemana Angela Merkel y al joven presidente galo, Emmanuel Macron, los más visibles junto al canadiense Justin Trudeau en la finta de una postura distinta. Trump actúa así porque sabe que los tiene arrinconados y que sin EE.UU. no son nada, de allí que el reciente compromiso aprobado por lo que sería el G-6 -Trump los abandonó para partir a su encuentro de mañana con Kim Jong-un en Singapur- no tendrá ninguna fuerza. Al otro lado de la orilla están China y Rusia, y esa oferta geopolítico-económica jamás será una opción para los vapuleados aliados de EE.UU. No hay nada que hacer, Trump sabe lo que pesa y pisa, y los que también lo saben, y muy bien, son Xi Jinping y Vladímir Putin que, percibiendo el tenso clima de Occidente, estratégicamente se muestran al mundo en un nivel de coordinación y colaboración envidiables. La política exterior del desplante, entonces, no es una casualidad ni una actitud súbita de Trump; al contrario, ha sido perfectamente premeditada, como lo fue cancelar la reunión con Kim para luego retomarla, creando siempre el contexto que Washington quiere para rentabilizar sus objetivos internacionales maximalistas y mostrarse como indiscutido hegemón.

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