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DOS SOMBREROS LÚGUBRES, columna de María Isabel León

Educadora y empresaria

María León

Actualizado el 31/05/2026, 08:26 a.m.

En política, cambiar el discurso en plena campaña no necesariamente significa cambiar de ideas. Muchas veces solo implica cambiar de “sombrero”. Y eso es, precisamente, lo que parece estar ocurriendo con el candidato Roberto Sánchez en esta recta final rumbo a la segunda vuelta electoral. Durante la campaña previa a la primera vuelta, Sánchez planteaba abiertamente la revisión de contratos-ley, cuestionaba la autonomía del Banco Central de Reserva, criticaba agriamente a su presidente y proponía una mayor participación del Estado en la economía. Su discurso era antisistema, confrontacional y cargado de desconfianza hacia el modelo económico que permitió al Perú crecer durante décadas.

Hoy, el tono parece distinto. Sánchez asegura que respetará la independencia del BCR y evita referencias directas a medidas polémicas como cambios en su dirección. Lo que antes decía de manera agresiva, ahora lo presenta bajo fórmulas más suaves como “evaluación de acuerdos”, “revisión de procesos” o renegociación “consensuada”. En otras palabras, le ha puesto edulcorante a un discurso que antes estaba bien amargo.Pero el problema no es solamente Sánchez. Dentro de Juntos por el Perú varios dirigentes, candidatos al Congreso y voceros de su entorno, han defendido durante meses propuestas claramente estatistas. Eso alimenta la percepción de que este “viraje” súbito,con nuevos voceros prestados a último minuto, responde más a una estrategia electoral que a un verdadero cambio de convicciones.Y allí aparece inevitablemente el recuerdo de Pedro Castillo: En 2021 también moderó justamente su discurso de segunda vuelta. También habló de respeto institucional, estabilidad económica y tranquilidad para los mercados. Muchos quisieron creer que se trataba de pragmatismo político, pero una vez en el poder, el país terminó atrapado en el caos, la improvisación y el deterioro institucional más grave de las últimas décadas.

Hoy, Sánchez parece recorrer el mismo camino: cambia el tono, pero no el fondo. Se quita el sombrero radical para ponerse el del moderado, aunque el proyecto político sigue siendo esencialmente el mismo. Y ese es el verdadero peligro. En pleno siglo XXI, cuando el mundo compite por atraer inversión privada, tecnología y empleo, insistir en recetas populistas y estatistas resulta no solo anacrónico, sino profundamente irresponsable. ¡Cambiar las palabras no cambia las intenciones!

Al final, entre Castillo y Sánchez no parece haber dos proyectos distintos, sino dos versiones del mismo libreto, dos sombreros distintos cubriendo una misma visión lúgubre para el futuro del Perú.

DOS SOMBREROS LÚGUBRES, columna de María Isabel León

Educadora y empresaria

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