Opinión

Ecuador: Los militares y el gobierno del presidente Lenín Moreno

COLUMNA: Miguel Ángel Rodríguez Mackay

14 de Octubre del 2019 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Nadie con vocación y responsabilidad democráticas podría desear la caída del gobierno del presidente constitucional Lenín Moreno -iniciado el 24 de mayo de 2017- que resiste como un león frente a las presiones de los indígenas, a estas alturas de la crisis bastante excitados por dos factores exógenos que buscan la desgracia de Moreno: el expresidente Rafael Correa, su mayor enemigo político, y el dictador venezolano Nicolás Maduro, enemigo de todas las democracias del planeta, que plantean la derogatoria del decreto que dio origen al estallido social al establecer con realismo un paquete de medidas económicas para solventar la devolución del préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) de 4200 millones de dólares. Pero, ¿de qué dependerá que no sea derrocado el presidente? Como ha sido a través de la historia, el factor militar o monopolio del uso de la fuerza, guste o no, sigue siendo clave para el sostén gubernamental o la defenestración del poder.

Van 12 de días de convulsión social en Ecuador y si el presidente se mantiene en pie no es por la Asamblea Nacional ni por los partidos políticos, sino porque las Fuerzas Armadas creen firmemente en la preservación del orden social y la estabilidad nacional. Sin los militares, la anarquía hace rato hubiera terminado por consumar a Moreno. La movilización del mandatario de Quito hacia Guayaquil y luego su retorno a la capital -aunque por hacerlo apareciera vulnerable-, la ha efectuado porque los militares garantizaron que pudiera hacerlo, con el objetivo de conservar su integridad, un requisito esencial para la pervivencia del gobernante y de su Gobierno; sin embargo, si acaso en las próximas horas, con nuevos picos de violencia, los indígenas radicalizaran sus pretensiones exigiendo la salida Moreno, los militares, hasta el final institucionales, podrían bajarle el dedo y no precisamente por un acto de traición. En momentos como el que vive Ecuador, es determinante el apoyo ciudadano o legitimación social, y la ciencia política enseña de que ir contra la corriente puede ser peor que el problema mismo. Veremos qué pasa

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