Opinión

EE.UU. Y LA DEPORTACIÓN DE CENTROAMERICANOS

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

10 de Enero del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Las recientes medidas migratorias adoptadas por el gobierno de Estados Unidos de América sobre ciudadanos centroamericanos llama poderosamente la atención. La deportación de más de 700 hondureños durante los 9 primeros días del año 2018, de los cerca de un millón que viven en el país de las oportunidades, ha sido por no contar con un estatus de legalidad exigido. No es novedad que ciudadanos de ese país, El Salvador, México, Perú, etc. se encuentran en Estados Unidos de modo irregular. Muchos de ellos -diría mejor, la gran mayoría- hicieron un esfuerzo sobrehumano para lograr cruzar la frontera mexicana, y muchos de ellos han demostrado una alta dosis de asimilación a la actividad laboral en los rubros que más son requeridos, es decir, trabajos manuales básicos pero muy importantes para la movilización económica del país. La fijación de las autoridades migratorias estadounidenses sobre los hondureños tiene una carga subjetiva muy grande. La violencia en los países centroamericanos, particularmente en El Salvador y Honduras, no es un secreto. Este antecedente ha llevado a no discriminar los casos y decidir las deportaciones masivas. Trump baila en un pie. Estas acciones corresponden a su visión bastante sesgada de los extranjeros, particularmente de los latinoamericanos, de los que no oculta su animadversión incluyéndolos en el grueso de la visión de la política exterior de la Casa Blanca que se ha revitalizado sobre nuestro subcontinente, al que considera el patio trasero del hegemón del mundo. Honduras cuenta con casi 9 millones de habitantes y en el 2017 fueron deportados a casa cerca de 22 mil nacionales de ese país. Actualmente, alrededor de 57 mil hondureños gozan del Estatus de Protección Temporal, pero esa medida no asegura nada. Sus vecinos, los salvadoreños, en número de 250 mil han sido desbancados de este programa y hasta el 2019 cuentan con plazo para retornar a su país. Complicado el asunto migratorio, que hace rato debería ser un tema de agenda preeminente por parte de la OEA.

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