Opinión

El asunto de fondo en el terrorismo internacional

El Decano... La religión, aunque no es el tema central, aparece con notable evidencia en los atentados que se han venido cometiendo.

16 de Julio del 2016 - 07:40 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Para que un acto sea considerado terrorista no tiene que ser atribuido necesariamente a una organización extremista. Es a lo que más estamos acostumbrados a escuchar o identificar pero no es solo eso. El reciente atentado en Niza se parece y mucho al de Orlando, es decir, sus autores no tienen ninguna relación directa con los grupos terroristas conocidos como Al Qaeda o el Estado Islámico, ni tampoco cuentan con una logística propia de las bandas del terror. 

Al contrario, salta a la vista un cuadro más bien personal o unilateral donde se trasluce sin dificultad una afinidad o adhesión con el Islam. Por supuesto que los terroristas islámicos no tienen nada que ver con los fieles musulmanes que son gente de paz. Tan solo el 1% de los más de 1500 millones de islámicos que existen en el mundo son considerados fundamentalistas y extremistas.

La religión, aunque no es el tema central, aparece con notable evidencia en los atentados que se han venido cometiendo. Los terroristas, a los que no les importa la vida ni las normas jurídicas, suelen invocar la figura de Alá, el Dios del Islam y la de Mahoma, su profeta mayor. Esta es la primera desnaturalización del verdadero sentido de la religión musulmana y del Corán, su libro sagrado. 

La respuesta de la comunidad internacional otra vez será únicamente la acción militar en el marco de la coalición internacional que lidera EE.UU., y eso sí que sería un nuevo y grave error. Hay que ir al asunto de fondo, que significa acabar con las posiciones extremistas y antioccidentales. En esta tarea deberá haber una acción comprometida de la Liga Árabe y por supuesto de la ONU. El mundo está enfrentando a una guerra o conflicto distinto a los que hubo 2000 años atrás, es decir, con un actor no convencional y que opera de modo anárquico sin que le importe las reglas de la convivencia humana.