Opinión

EL CABE DE TRUMP A LAS DOS COREAS

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

05 de Enero del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Donald Trump parece jugar al doble cañón en la política internacional estadounidense sobre la península de Corea. Lo voy a explicar. Apenas se percató del tenor del discurso de Año Nuevo del líder norcoreano Kim Jong-un, en el sentido de abrir puentes con Seúl y sobre todo que el presidente surcoreano, Moon Jae-in, dispusiera la invitación para que Pyongyang envíe a sus atletas para los juegos olímpicos de invierno, que originó a su vez la reacción positiva de Kim al ordenar la reapertura de la línea telefónica intercoreana, el presidente Trump con evidentes signos de fastidio y arrebato anunció en completo tono de amenaza -por supuesto que dirigida a Corea del Norte-, que “mi botón nuclear es mucho más grande y poderoso”. ¿Por qué razón el gobierno de los EE.UU. quisiera estropear un acercamiento entre las dos Coreas? La Casa Blanca de Trump seguiría pensando en una febril acción internacional, seguramente militarizada, contra el régimen de Corea del Norte, lo que sería un completo error. La biliosa reacción de Trump pareciera confirmar que la actitud de acercamiento hacia Pyongyang, por parte del gobierno de Moon, es una cuerda aparte e independiente y de que Trump no “controla” todos los pasos del presidente surcoreano tildado de ser proclive a Corea del Norte, en cuyas tierras nacieron sus padres.

La alianza entre Seúl y Washington se mantiene incólume desde que se produjera la división de la península en dos Coreas en 1953 y del armisticio de ese año, es decir, un statu quo de guerra no declarada. No es la primera vez que Moon emprende un acercamiento con el régimen de Kim. Apenas asumió la Presidencia por elecciones, luego de que el Tribunal Constitucional surcoreano aprobara en marzo de 2016 la destitución de la presidenta Park Geun-hye, implicada en el mayor escándalo de corrupción y tráfico de influencias del país en décadas, propuso a su homólogo de Corea del Norte una primera reunión exploratoria de acercamiento bilateral. Trump está furioso y ese estado anímico puede llevarlo a arrebatos mayores. El mundo no puede pender de botones, como quien juega Nintendo.

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