Opinión

El crimen del vicealmirante Cafferata

​El martes 14 de octubre de 1986, a 9 y 19 horas, cuando se desplazaba en su vehículo, el vicealmirante Gerónimo Cafferata Marazzi fue interceptado por delincuentes terroristas de Sendero Luminoso en el cruce de las avenidas Mariscal Castilla y República de Panamá, frente al restaurante “El Cortijo” (hoy Plaza Vea), en el distrito de Surco.

26 de Octubre del 2016 - 06:51 Columnista invitado

El martes 14 de octubre de 1986, a 9 y 19 horas, cuando se desplazaba en su vehículo, el vicealmirante Gerónimo Cafferata Marazzi fue interceptado por delincuentes terroristas de Sendero Luminoso en el cruce de las avenidas Mariscal Castilla y República de Panamá, frente al restaurante “El Cortijo” (hoy Plaza Vea), en el distrito de Surco. Los delincuentes descendieron del vehículo que los transportaba y dispararon contra la camioneta con ráfagas de ametralladora, hiriéndolo gravemente. La camioneta del almirante recibió 18 impactos de bala. Una le rozó la cabeza, otra le impactó en el hombro izquierdo y la tercera en el abdomen. Cuando una terrorista se acercaba al almirante con la intención de darle un tiro de gracia, se escucharon las sirenas de un patrullero que se aproximaba. Los terroristas corrieron hacia la pista, y al cruzar la berma central de la avenida Mariscal Castilla, fueron repelidos a tiros por un transeúnte, resultando herido uno de los asesinos en un brazo y un hombro. Mientras el herido y otros dos subían a un vehículo marca Ford, la mujer lanzó un petardo de dinamita que les permitió cubrir su fuga por la calle Las Magnolias. El vehículo, al llegar a la esquina, voltea por Las Magnolias y se pierde de vista.

El chofer de la camioneta, que también fue herido, y el agente de seguridad del almirante, que salió ileso, lo condujeron al Hospital Casimiro Ulloa; momentos después se hizo presente el comandante general de la Marina, almirante Víctor Nicolini del Castillo, acompañado de un equipo de médicos especialistas del Centro Médico Naval, que se sumaron a los especialistas de dicho nosocomio.

El almirante Cafferata fue sometido a una riesgosa intervención quirúrgica de varias horas. Al final del día, y pese a su gravedad, lograron estabilizarlo y trasladarlo al Centro Médico Naval. Los médicos recomendaron enviarlo de urgencia a Estados Unidos por su estado crítico. Al día siguiente, fue trasladado en una ambulancia especial al Grupo N° 8 de la Fuerza Aérea, de donde partió con destino al Hospital Johns Hopkins en Baltimore, Maryland, Estados Unidos, uno de los mejores del mundo.

El domingo 26, a las 16 horas, el almirante Cafferata falleció pese a todos los esfuerzos realizados. El miércoles 29 sus restos fueron traídos al Perú, iniciándose el cortejo fúnebre en la Base Aeronaval del Callao hacia la Basílica Stella Maris del Centro Médico Naval, donde se le rindió honores de ministro de Estado. A las 17 y 30 horas, fue sepultado en el cementerio La Planicie.

Han pasado más de 30 años, los niños de ayer son los hombres de hoy y muchos hechos han pasado al olvido. La juventud actual no tiene idea de la tragedia que vivió nuestra patria ni de sus repercusiones en los ámbitos político, social y económico. Quienes de una u otra forma participamos en la lucha por la pacificación de nuestro país hemos mantenido en secreto nuestras vivencias de aquella lucha. Hasta ahora, nuestras experiencias habían sido narradas solamente en pequeños grupos de amigos, impidiendo así que las generaciones venideras conocieran la participación y el aporte de los miembros de la Marina de Guerra del Perú en la histórica victoria de nuestra nación sobre el terrorismo. Por ello, honor y gloria a nuestros héroes que dieron la vida por la pacificación de nuestra patria, y a nuestros compañeros que en cumplimiento del deber sufrieron lesiones irrecuperables, dando demostración de su entrega y sacrificio, y que agrupados en la Brigada Azul y Oro son testimonio viviente de cuánto somos capaces los marinos al momento de ser llamados por la patria.