Opinión

EL DÍA DE LA BANDERA Y EL NACIONALISMO PERUANO

​Hoy, 7 de junio, se cumplen 137 años de la epopeya del Morro de Arica. Francisco Bolognesi Cervantes (1816-1880) fue su máximo héroe e ingresó en la gloria universal por su valiente respuesta al emisario chileno, el mayor Juan de la Cruz Salvo, al anunciarle: “Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”.

07 de Junio del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Hoy, 7 de junio, se cumplen 137 años de la epopeya del Morro de Arica. Francisco Bolognesi Cervantes (1816-1880) fue su máximo héroe e ingresó en la gloria universal por su valiente respuesta al emisario chileno, el mayor Juan de la Cruz Salvo, al anunciarle: “Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”. 

A Bolognesi y a sus hombres -Alfonso Ugarte, que era un rico empresario tarapaqueño, se lanzó con su caballo al abismo para que la bicolor no cayera en manos del enemigo- no les importó su vida en aquella batalla. El umbral de su ego había superado la estada mortal, calificando el puro arrojo, por eso decidieron defender la patria pensando en el honor nacional, un excelso atributo que no tiene precio. Eso fue extraordinario y constituye su máximo legado para todos los peruanos. 

El Estado peruano debería declarar esta efeméride como DÍA FERIADO a nivel nacional. Los que se oponen sostienen que el país no puede detenerse, y mucho menos nuestra economía. Otra vez, como en el desarrollo que hice en mi artículo “El pisco y los complejos de Chile y el Perú” (28.05.17), no todo es comercio, negocios o ganancias. Unidos a esto último, ¿por qué solamente somos capaces de establecer feriados cuando actuamos de anfitriones en reuniones cumbres internacionales que organizamos con denuedo o para aprovechar el fin de semana largo cuando contamos un feriado intermedio. 

Si uno revisa con atención la historia universal, confirmará que los países desarrollados (EE.UU., Alemania, Japón, etc.) alcanzan esta envidiable calidad porque sus gobernantes invierten en la educación que prioriza el nacionalismo como factor transversal y como política de Estado. Las naciones que no lo hacen siempre son vulnerables al desarrollo y hasta fluyen sus fracturas lamentando luego sus consecuencias letales para la unidad nacional convertida en una completa falacia. El Día de la Bandera, sin discusión, debe ser relievado como el Combate de Angamos y no solamente cuando juega nuestra selección en las eliminatorias de fútbol. ¿Qué se debe hacer? Decidirlo y punto.

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