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El distractor Urresti

​El ministro del Interior, Daniel Urresti, ha logrado atraer las miradas hacia su persona erigiéndose como el mayor distractor del Gobierno. Juega bien sus piezas y hasta ahora ha conseguido quitarle las cámaras y flashes al tema de fondo: Martín Belaunde Lossio, ese incómodo asunto presidencial.
El distractor Urresti

Renato Sandoval

Actualizado el 13/01/2015, 09:15 a.m.

El ministro del Interior, Daniel Urresti, ha logrado atraer las miradas hacia su persona erigiéndose como el mayor distractor del Gobierno. Juega bien sus piezas y hasta ahora ha conseguido quitarle las cámaras y flashes al tema de fondo: Martín Belaunde Lossio, ese incómodo asunto presidencial. Aunque algunos medios de comunicación no hayan caído en este vaivén de insultos políticos, hoy en las calles se habla más del deslenguado funcionario que del prófugo en Bolivia. ¿A quién sirve el ministro, al Estado o al Presidente?

La figura de Daniel Urresti es una estrategia gubernamental empleada, por ahora, para el entretenimiento de la gente. Algunos solo aplauden sus bravuconadas y otros, en vez de rechazo, se están poniendo la camiseta del hombre de confianza del Presidente Ollanta Humala, más aún cuando este lanza severos ataques a la prensa y a políticos con pasado turbulento. Es algo así como un vengador callejero.

Poco a poco Urresti ha ido captando la atención de la población por su excesivo protagonismo, marcando la agenda política, inclusive haciendo desaparecer del mapa a la primera ministra Ana Jara, a quien le ha quitado el papel de fusible que todo gobierno tiene en la figura del jefe del Consejo de Ministros. En otros casos, un primer ministro, quien funge de director de orquesta después del Mandatario, ya habría mandado a callar a su ministro faltoso, pero parece que acá a quien han ordenado al silencio es a la mujer de confianza de Nadine Heredia.

Si uno hace un flashback de estos últimos meses, desde que saltó el caso Belaunde Lossio, el amigo lobista del Presidente, Daniel Urresti ha sido el hombre del Gobierno que se ha comido el pleito contra quienes azuzaban a colocar el rótulo de administración incapaz a la gestión de Ollanta Humala. Claro, una vez que el ministro del Interior entró a tallar, los disparos, automáticamente, se dirigieron hacia este.

El protagonismo del ministro del Interior ha ido en todos los sentidos, desde el fútbol, marcha contra los jóvenes (incluido el robo de una memoria a un reportero gráfico de Correo), insultos a los periodistas (los que vía redes sociales son pontificados por algunos desubicados), caso Martín Belaunde, entre otros que, estoy seguro, volverán a ser tema primordial para la verborrea de Daniel Urresti.

Ese juego de acaparador no sé cuánto más le dure; lo que sí creo, es que el papel de ejecutivo que necesita una de las instituciones más desacreditadas del país, como es la Policía, ha pasado a un segundo plano, en perjuicio de la mayoría de peruanos que claman por más acción a favor de la seguridad ciudadana y menos políticos deslenguados. El ministro se confunde al creer que el cargo es para servir al Presidente antes que al Estado. 

El distractor Urresti

​El ministro del Interior, Daniel Urresti, ha logrado atraer las miradas hacia su persona erigiéndose como el mayor distractor del Gobierno. Juega bien sus piezas y hasta ahora ha conseguido quitarle las cámaras y flashes al tema de fondo: Martín Belaunde Lossio, ese incómodo asunto presidencial.

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