Opinión

El ejemplo de la Unión Europea sobre Venezuela

Columna de Miguel Ángel Rodríguez Mackay

11 de Noviembre del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

La actitud reciente de la Unión Europea sobre una Venezuela que sigue a contracorriente de la democracia y del estado de derecho le cae como un chicotazo a la OEA. Sin embargo, esta vez no es criticable la indiferencia de su secretario general actual Luis Almagro, quien desde que asumió el alto cargo (2015) se ha puesto la camiseta de la Carta de la propia OEA y de la Carta Democrática Interamericana, sus máximas piezas de la axiología jurídico-política del continente -aunque sí fue penosa la gestión de su antecesor, el chileno José Miguel Insulza, que se lavó las manos como Poncio Pilatos por su escandalosa inoperancia ante lo que acontecía en el país llanero-. Ahora es cuestionable el rol de los países de la OEA -centroamericanos, principalmente-, que no han sido capaces de decidir calificar a Venezuela como un Estado donde se ha producido una ruptura del régimen democrático. Al otro lado del Atlántico, la celebrada Unión Europea ha sido coherente con los valores que pregona y ha convenido sanciones ad hoc para los hombres claves de la dictadura chavista -no podrán viajar a territorio comunitario-, quienes hacen lo que quieren al controlar el monopolio del poder político y militar en ese diezmado país. Las sanciones incluyen embargo de armas. Chile, con acierto, ha abierto la puerta de su embajada en Caracas a Freddy Guevara, segundo vicepresidente de la defenestrada Asamblea Nacional, que en limpias elecciones parlamentarías le arrancó legítimamente la mayoría al gobierno de Nicolás Maduro. Eso está bien, pero no basta que lo haya declarado ingresado en esa Misión diplomática como “Huésped”. La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 que la consagra inviolable -y no otro territorio u otro país como en grave error algunos creen atribuyendo extraterritorialidad y hasta soberanía- hace rato debió otorgarle la condición de asilado en acto aplicativo de su prerrogativa como Estado soberano, medida no oponible. La Unión Europea está haciendo lo que América no. ¡Qué vergüenza!

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