Opinión

El enigma del mensaje

COLUMNA: ARMANDO CANCHANYA

14 de Abril del 2019 - 07:30 Armando Canchaya

Diversas explicaciones surgieron para tratar de entender qué motivó al presidente Vizcarra a salir el jueves por la noche y dirigirse a la Nación en un mensaje de casi 20 minutos para hablar de varios temas, y decir poco. ¿Qué quiso contarnos? Una interpretación está ligada a cómo el presidente Vizcarra ha sabido reaccionar hábilmente cuando la coyuntura o las encuestas apremiaron su popularidad, como ha venido ocurriendo en los últimos meses frente al constante declive. Precisamente ese mismo día se conoció la encuesta de Datum que registra una tercera caída consecutiva.

Sus detractores aseguran que cada vez que el presidente Vizcarra baja en aprobación, recurre a “pechar” al Congreso como fórmula ganadora en busca de réditos, como la estrategia de probado éxito. Pareciera que no se equivocan. El jueves inició su mensaje pidiendo al Congreso “la celeridad que el pueblo reclama” con los proyectos de reforma judicial y política.

Las reformas son necesarias en varios sentidos, pero no puede decirse que toda la población las conoce y las entiende a cabalidad, por lo que las simpatías que puedan despertar pueden ser un engañoso termómetro de lo que realmente le importa. La misma encuesta recoge que el 34% quiere que la prioridad del Gobierno sea liderar la lucha contra la inseguridad. Hay que decir que ambos temas son igualmente importantes.

La estrategia para centrar el debate en las reformas política y judicial no debe pasar, como ya hemos dicho anteriormente, por la confrontación como forma de arrinconar a adversarios de turno, como parece ser el chip de algunos, sino por apoyarse en el respaldo ciudadano para convencer sobre la necesidad de atacar los problemas que realmente le aquejan, y justamente donde la oposición tampoco hace nada. Cambiar la línea de “pechar” por una más práctica y menos discursiva.

El ejercicio del jueves trasluce una necesidad de transmitir quién está al mando, y efectivamente eso es lo que se espera del Mandatario (aunque ser impreciso y hablar sobre demasiados temas no resultó lo más eficaz), con planteamientos específicos, metas medibles. Es muy pronto para la falta de ideas o para repetirse. Pero los políticos -como los magos- deben saber cambiar de rutina para que no se descubra el truco.

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