Opinión

El fallo de la Corte de La Haya en el litigio Bolivia-Chile (I)

El próximo lunes 1 de octubre, los 11.2 millones de bolivianos y los 17.5 millones de chilenos estarán pegados de sus televisores siguiendo muy de cerca la lectura de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) del juicio incoado por La Paz contra Santiago en 2013.

23 de Septiembre del 2018 - 11:20 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El hermetismo comienza a apoderarse de las partes. El próximo lunes 1 de octubre, los 11.2 millones de bolivianos y los 17.5 millones de chilenos estarán pegados de sus televisores siguiendo muy de cerca la lectura de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) del juicio incoado por La Paz contra Santiago en 2013. Un año antes sustenté ante el Ilustre Colegio de Abogados de La Paz -fui invitado por el eminente jurista y político, exministro y mejor amigo Reynaldo Peters Arzabe- las razones por las que Bolivia debía demandar a Chile ante la Corte. Muchos creen que el tribunal decidiría un corredor soberano para Bolivia hacia el mar. Eso jamás sucederá, y no porque no quisiera sino porque Bolivia no lo ha pedido. Lo que ha formulado es que la Corte obligue a Chile a negociar la salida al mar, que es distinto. Es un principio básico del derecho procesal que los jueces nunca se pronuncian más allá de lo que invocan las partes, es decir, no existe la sentencia ultra petita, porque no se puede decidir por aquello que nunca ha sido pedido. En efecto, Bolivia en ninguna parte de su demanda, memoria, réplica o alegatos -las piezas escritas del demandante- ha solicitado a la CIJ que establezca la tan ansiada salida al Pacífico. De haberlo hecho, su pretensión hubiera quedado en el intento, pues la Corte no cuenta con facultades para modificar el contenido de un tratado, como fue el que firmaron ambos países en 1904 y por el cual Bolivia quedó encerrada en los Andes. Por esa razón, la estrategia de La Paz fue no objetar la validez de dicho tratado amparado en el principio PACTA SUNT SERVANDA, que significa que lo firmado debe cumplirse. La Paz lo entendió y más bien sostuvo la denominada promesa incumplida por Chile -afectación del derecho expectaticio boliviano- que por más de cien años aseguró por escrito y oralmente que negociarían la ansiada salida al mar. Ese día sabremos si la Corte obligará a Chile a sentarse en una mesa a negociar, lo que así y a secas podría serle muy holgado, o si decidirá que el resultado de dicha negociación sea la salida al mar para Bolivia, lo que lo pondría entre la espada y la pared. 

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