Opinión

El Far West de Trujillo

COLUMNA: Renato Sandoval González

09 de Marzo del 2018 - 07:00 Renato Sandoval

Como en el Far West, cuando los bandoleros subían a los trenes empuñando sus armas en cada mano y exigiendo a los pasajeros llenar sus bolsos si querían seguir viviendo, así estamos en Trujillo. A diferencia de esas épocas, ahora los maleantes toman un microbús y si no le entregas tus pertenencias, ¡pum! Plomazo.

No es un secreto que los ataques a los micros, el medio de transporte masivo para la clase trabajadora y los estudiantes, no son recientes. En mi época de escolar no podías sentarte en los últimos asientos del vehículo, porque quedabas expuesto como gacela en las sabanas con leones de toda melena.

Sin embargo, los tiempos han cambiado. El mercado negro ha logrado la distribución de las armas de fuego a quien tenga un par de billetes. Los ladrones ya no te asustan con palabras soeces ni navajas de afeitar, sino que te congelan con el frío de sus revólveres o pistolas. Te matan hasta por un celular.

Una cámara registró un terrible suceso en un microbús. Un policía vestido de civil recibe un disparo porque, al parecer, no quiso entregar sus pertenencias. El criminal aprieta el gatillo y deja malherido al agente, mientras su compinche, cual carroñero, se atreve ahora sí a quitarle su billetera y bajarse de la unidad vehicular como quien llegó a su paradero.

No podemos lavarnos las manos y pedirles a los empresarios de estos transportes que pongan a un miembro de seguridad. La cámara es una válida herramienta, pero una vez que se enteren los maleantes de este dispositivo, lo primero que harán es desactivarlo. La solución está en el planeamiento estratégico que pueda elaborar quienes más saben: los policías.

A diferencia del Far West, los sheriffs de hoy no han sido la solución. Se necesita planificación y la Policía corre contra el tiempo. Mientras sus agentes recién suben a los microbuses a investigar los ataques, los delincuentes ya bajaron hace rato y van por sus próximas víctimas.

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