Opinión

El futuro de Lula

El comportamiento bursátil brasileño, frente a la decisión de los tres magistrados, ha sido ascendente

26 de Enero del 2018 - 07:41 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

¿Le llegó la hora menguada a Luiz Inácio Lula da Silva? El popular expresidente de Brasil (2003-2010), que propugnó la mayor política asistencialista y populista de América Latina, acaba de recibir la confirmación de su sentencia por corrupción pasiva y lavado de activos por parte de la justicia de su país. La sanción establecida ha previsto un aumento en la pena de 9 años y medio a 12 años y un mes, al estimar como agravante que los delitos fueron cometidos cuando ejercía el alto cargo de presidente. Parece ser sintomático el fallo. En pleno clímax electoral en el gigante sudamericano, la decisión judicial brasileña se muestra inquebrantable en su convicción de haber emitido una sentencia justa al considerar responsabilidad penal en el exjefe de Estado. Lula todavía puede apelar la decisión jurisdiccional, pero todo parece indicar que su suerte en esta cuerda estaría echada. Frente a este escenario adverso, el líder histórico del Partido de los Trabajadores debe pensar fríamente el modus operandi hacia adelante calculando, por supuesto, la variable de su encarcelamiento. En otras palabras, sus recursos políticos sería lo único que le quedará en adelante. Por ejemplo, ya debe estar barajando el nombre del político al que podría endosar la avalancha de votos que, según las encuestas, obtendría en una eventual luz verde para su candidatura. Así, Lula, poniéndose en una posición de víctima y confiando por esa circunstancia en una completa victoria de su eventual delfín, podría librarse de la cárcel, que es lo que más lo preocupa a estas alturas del partido.

El comportamiento bursátil brasileño, frente a la decisión de los tres magistrados, ha sido ascendente. Michel Temer, el actual presidente, y con él, el exmandatario Fernando Henrique Cardoso (1995-2000), enemigos públicos y confesos de Lula, deben estar calculando los escenarios posibles para acabar o hundir a Lula, la verdadera amenaza política para sus pretensiones. Así es la política.

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