Opinión

El golpe que noquea a la institucionalidad

COLUMNISTA: Eugenio D'Medina Lora

12 de Octubre del 2019 - 07:33 Eugenio D'Medina Lora

Le podemos llamar como nos guste o acomode. Ruptura institucional, llevar la Constitución al límite. Lo que no cambia es que ocurrió: un golpe de Estado. La propia Convención de Venecia, en la voz de Josep Castella, ha tenido que hacer uso del lenguaje más diplomático posible para decir dos cosas centrales: 1) que el sistema peruano es "inusual" -es decir, chicha- para tramitar diferencias entre poderes; y 2) la división de poderes está en peligro en Perú. Naturalmente, como la OEA tiene que decir que la última palabra la tiene el Tribunal Constitucional. Por su parte, el Wall Street Journal, en la pluma de Mary O’Grady, una de sus columnistas más reputadas e identificadas con el famoso medio, no tuvo reparos a inicio de semana en calificar de “golpe de Estado” el atropello de Martín Vizcarra contra el Congreso.

Entretanto, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por hacer parecer que no somos una república bananera y que la economía no se afectaba, salía el reporte de competitividad del World Economic Forum para este año, con la novedad de que bajamos dos puestos en el último año de gobierno vizcarrista y que seguimos siendo un país de media tabla (puesto 65 de 141 países). Pero lo peor es que en el pilar competitivo de instituciones, pasamos del puesto 90 al 94, mientras en que en el componente de transparencia caímos 11 puestos (del 80 al 91), con lo que nos ubicamos en los 50 países más corruptos del planeta. Es a esa institucionalidad que golpeó Vizcarra con su golpe, fundado en la más delirante “interpretación auténtica” de la historia nacional: la negación fáctica. Sin mediar trámite, papeleo ni debido proceso, ahora basta que a alguien le parezca que le negaron algo para adquirir la legalidad necesaria para actuar. Sí, lo mismo que debe tener en mente un invasor de terrenos o un tomador de carreteras de un asentamiento minero.

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