Finalizado el conteo de actas y dada a confirmación de que Keiko Fujimori será la nueva presidenta del Perú, el primer reto será armar un gabinete que genere confianza en la mitad del país que no solo rechaza a la futura mandataria, sino que detesta todo lo que tenga que ver con ella, su partido y el recuerdo de su padre que dejó el poder hace 26 años, por lo que es necesario hilar fino a fin de buscar la estabilidad desde una administración que surge con la corriente en contra y que no tendrá “luna de miel”.
Para tener una idea del número de votantes que dieron el triunfo a Fujimori por sobre Roberto Sánchez, debemos imaginar al Estadio Nacional de Lima lleno en sus graderías y palcos. Allí entran 50 mil almas, lo cual no es nada en un país de casi 27 millones y medio de electores. Estamos con el Perú partido en dos, donde el gobierno no podrá cometer errores ni dispararse a los pies, si es que no quiere tener ruido en los medios, las redes sociales, el Congreso y las calles.
Si desde ahora, cuando Fujimori no ha asumido funciones, ya la responsabilizan del manejo del sistema de justicia (un absurdo si tenemos en cuenta que la metieron tres veces a la cárcel de manera injusta), de los diversos problemas del Perú y hasta de los actos que corresponden al presidente comunista José María Balcázar, está claro que no le darán tregua ni un minuto y, ante eso, que es inevitable, se necesita seriedad, responsabilidad y manejo a fin de evitar que el país navegue otra vez en medio de la turbulencia.
Los ministros y funcionarios no solo deben ser honestos, sino también parecerlo. Un país con tantos problemas como los de inseguridad y pobreza, y frente a una emergencia como la de El Niño, no está para perder el tiempo en gente dudosa con pasados oscuros como corruptos, sinvergüenzas, agresores de mujeres, deudores alimentarios, pajaros fruteros del presupuesto de algun gobierno regional o municipalidad, salvados de ir a la cárcel por alguna leguleyada, borrachines con la licencia de conducir suspendida y demás especies.
Si no hay un buen filtro para elegir ministros y funcionarios claves, la palabra “vacancia” y la inestabilidad serán una constante desde el día uno, aunque no haya los votos. Los derrotados de la segunda vuelta llevan sangre en el ojo y el ánimo de revancha estará latente desde el inicio. El actual rol de azuzador del perdedor Roberto Sánchez tiene ese fin: hacer creer que el gobierno fujimorista será ilegítimo y que todo será válido para echarlo del poder. Los autogoles solo servirán para facilitarles el trabajo.